Guam: Una isla pacífica en medio de la guerra



Guam, esa islita de la micronesia que apenas es visible en los mapas, más pequeña que la ciudad de Madrid, por lo general, el archipiélago al que pertenece, (Las Marianas), se observa como unos pequeños puntitos que tienen que ser ampliados en un cuadro aparte para poder apreciarse bien.
Un paraíso de relieve abrupto, pero cuya montaña más alta apenas alcanza los 400 metros, eso si, la isla se sumerge en la famosa fosa de las marianas, donde se encuentra el punto más profundo de la tierra, el lugar donde el mar alcanza la fosa más honda a 10,911 metros de profundidad. 

Esta es la zona que actualmente parece estar en el punto más caliente de la actualidad, pues existen serias amenazas por parte de Corea del Norte de enviar misiles nucleares hasta allí. 

Pero, ¿por qué Guam? ¿Qué han hecho sus habitantes para convertirse en el centro de una posible guerra suicida? Nada, simplemente pertenecer a una de las potencias dominantes, EEUU, que mantiene bases militares en aquel paraíso del pacífico. Y que un fanático gobernante pretenda demostrar no se qué, frente a un enemigo que lo aplastará nada más detonar la primera bomba. Pero como tantas cosas ilógicas suceden en el mundo, como cuando Japón atacó Pearl Harbour, o Alemania invadió media Europa, pensando sus locos dirigentes que vencerían de manera fácil y se apoderarían del mundo. Y como sucede que otro loco domina la mayor potencia mundial, y no hace más que incitar al coreano, cualquier cosa es posible. Lamentablemente, la historia de Guam está plagada de masacres, a pesar de que ellos jamás han atacado, invadido, ni amenazado a nadie. 





Un poco de historia


En 1521 el navegante hispano-portugués Fernando de Magallanes, en uno de sus últimos viajes atracó cerca de una pequeña islita de un archipiélago compuesto por más de veinte, a medio camino entre Filipinas y Japón. Se dice que las encontraron habitadas, y sus pobladores, que tenían su particular sistema comercial, no se extrañaron de su presencia y pensaron que se trataba de visitantes, que provenientes de tierras lejanas venían en busca de comerciar con algo interesante. Así, los sorprendidos españoles lo primero que vieron fue acercarse una multitud de canoas con velas que navegaban a gran velocidad y luego a un buen número de indígenas, subiendo a bordo con sorprendente destreza, cargados con agua y comida en abundancia. Los españoles, descolocados y hambrientos, tomaron algo de fruta, pero no dieron nada a cambio, y algunos de los isleños entonces decidieron apropiarse de lo primero que veían y saltar al mar, entendiendo esto como intercambio. 


Magallanes apodó al archipiélago como “la Isla de los ladrones”, pues al parecer en uno de esos primeros encuentros, uno de los indígenas, llamados chamorros, tomó una pequeña barcaza, supuestamente como cobro por las ofrendas, lo cual enfureció a los españoles. Estos desembarcaron en la isla cargados con trabucos y dispararon indiscriminadamente contra los chamorros, que al oír los disparos huyeron despavoridos. Los españoles entonces quemaron la aldea y ejecutaron a siete nativos que capturaron, y recuperaron la pequeña barcaza.  A pesar de eso, los pacíficos chamorros volvieron de nuevo a ofrecerles alimentos y objetos del lugar. Los españoles, por fin comprendieron que las ofrendas eran en realidad ventas, así en un segundo encuentro les pagaron con piezas de hierro.    
   

Pero las intenciones de Magallanes, no eran comerciar de igual a igual con los chamorros, sino anexionar las islas a la corona española, que para ese tiempo estaba en manos de Carlos I. Y durante siglos aquellas islas, con Guam a la cabeza llevaron el desafortunado nombre de islas de los ladrones, aunque oficialmente se les denominó Islas marianas. Y la isla principal se llamó Guaján, utilizando la pronunciación de los lugareños en su idioma original el chamorro.  


Guaján perteneció a la corona española hasta 1898, cuando tras la guerra de Cuba y la consiguiente derrota española contra EEUU, estos últimos se apropiaron de la isla principal, las demás islas del archipiélago fueron vendidas a Alemania, en un absurdo e ilógico intercambio de territorios y colonias. De esa manera Guaján, ahora norteamericana pasó a llamarse Guam, por la imposibilidad de sus nuevos dueños de pronunciar correctamente su nombre. Después, en 1942 durante la segunda guerra mundial, el ejército de Japón  bombardeó las bases norteamericanas por sorpresa, cuatro horas después de Pearl Harbour, mientras EEUU apenas pudo reaccionar, se llevaron cautivos a las guarniciones. Despues invadieron la isla sin que sus habitantes pusieran resistencia, subyugaron a los indígenas de forma cruel, la zona se convirtió en un gigantesco campo de concentración para la población que sufrió torturas, violaciones y aseseinatos masivos, durante casi tres años. Después fue bombardeada de forma masiva por los EEUU para expulsar a los japoneses, muriendo miles de personas. Aún se guardan imágenes de la masacre sufrida por la población durante la liberación del yugo japonés. La isla quedó arrasada y aún en los años cincuenta permaneció como un cementerio de restos de material bélico oxidado y bombas sin detonar. 
 EEUU recuperó las  bases militares activas en la isla, y durante la guerra fría fue  considerado como un punto estratégico imprescindible, la URSS mantuvo por años misiles nucleares preparados para destruír la isla y EEUU mantenía en constante alerta a sus tropas, montando decenas de bases activas y reclutando regularmente indígenas como parte de su contingencia. A pesar de sus servicios, los habitantes de Guam no tienen los mismos derechos que cualquier norteamericano medio. Ni siquiera tiene el estatuto de estado adherido, no tiene derecho a voto, por tanto el presidente elegido en el país que los domina no ha sido votado por ellos. 

 

Futuro incierto


La isla de Guam es también víctima regular del azote de tifones, que recuerdan a sus habitantes lo caro que es vivir en el paraíso. Pero nada que ver con las nuevas amenazas de Corea del norte de atacar las bases estadounidenses en Guam. En el caso de que Kim Jong-Un cumpla sus amenazas, la situación para los habitantes dependerá de cuántas bombas alcancen su territorio, pues las bases están integradas en las ciudades y por tanto difícilmente tendrían escapatoria. 




Sus gobernadores y alcaldes tratan de tranquilizar a la población, asegurándoles que están seguros, pero hasta las bolsas mundiales se han echado a temblar, viendo que el peligro de una nueva escalada militar se cierne sobre el extremo oriente. Hasta China ha mostrado preocupación por la situación, animando a sus ciudadanos a que abandonen Corea. Por supuesto que China y las bolsas tan solo están interesadas por el efecto económico que supondría tal enfrentamiento. En realidad el mundo comercial en general teme lo peor, pues China y el extremo oriente hoy día se han convertido en el centro del comercio y la fabricación mundial, paralizada esa zona, paralizado el mundo y es lo que está conteniendo el enfrentamiento. Todos se preocupan, pero nadie lo hace por los 165,000 habitantes de la pequeña isla, estos son el mal menor. Así está el mundo, no importa la gente, importa el dinero.  



















El año del hambre



“El año del hambre”; “el año de las cuatro hambrunas”; “La peor crisis humanitaria de los últimos 70 años”;  “Más de 20 millones de personas al borde de la hambruna” ;“La ayuda humanitaria no acabará con el hambre”. 


Estos son algunos titulares que he tenido oportunidad de leer recientemente en prensa escrita o en medios de internet. Son noticias reales, no antiguas, no hablan de los tiempos de las postguerras mundiales de los años veinte o cuarenta. Todos estos titulares apuntan a este año 2017, no a otro, lamentablemente es una realidad, espeluznante y cruel, pero cierta. Curiosamente, como tantas hambrunas, estas que se esperan no son causadas por la escasez en las cosechas, por sequía, u otras catástrofes llamadas naturales, sencillamente se deben a ese cabalgar de dos jinetes, la guerra y el hambre que siempre corren uno detrás del otro. Curiosamente los expertos avisan que se avecinan estas hambrunas, mientras el mundo continúa con sus quehaceres y sus preocupaciones particulares, que nada tienen que ver con esas guerras. Conflictos por otro lado innecesarios, por no decir totalmente inexplicables. 

Por ejemplo, uno de los cuatro focos de hambre se encuentra justo al sur de una de las naciones más ricas del mundo, Arabia, la tierra de los grandes jeques del petróleo. Estos tienen una especie de clavo en la bota que les molesta, una especie de talón de Aquiles, un país pobre en extremo, pero al que de manera inexplicable temen, como si fuera una terrible potencia que les quiere avasallar.


Nos referimos a Yemen, un país fértil, pero pobre, cuyo conflicto con Arabia surge en 2015, a raíz de la caída en desgracia del dirigente en el poder a manos de una fuerza en auge, la de los hutíes, con raíces religiosas chiíes. Y ese, en aparente pequeño detalle, es el detonante suficiente para que Arabia se decida a formar una alianza con Egipto, Jordania, Emiratos árabes, Sudán, Kuwait y otros países de la zona, hasta diez, para acabar con “ese terrible enemigo”, un pequeño ejército de entre unos dos mil a diez mil soldados. Todo porque esa minoría está apoyada por la otra potencia chií, Irán.
El resultado de esa intervención es terrible, ciudades bombardeadas sin descanso, miles de personas atrapadas al borde de la tragedia, sin ayuda, sin salida, abocados al hambre. Mientras, el nuevo gobierno yemení para defenderse de los ataques de Arabia y sus aliados, ha incrementado su gasto militar hasta los 1800 millones de euros en recursos para la guerra. Según los informes, se necesitaría 1400 millones para paliar la situación de los más necesitados y garantizar la asistencia humanitaria a la población, pero Yemen no tiene fondos para eso, aunque sí para la guerra, defender su patria es más vital que defender la población. También resulta llamativo que los mismos países que abastecen a Arabia con armamento, también sean los principales proveedores de Yemen, España uno de los que más, las empresas del sector armamentístico nada saben de crisis. 



                Otra paradoja en el tema del hambre es Sudán, país rico en petróleo y algodón, uno de los que apoya a Arabia con soldados y armas en la guerra contra Yemen. La parte sur de ese país africano se encuentra en situación crítica, desde que esa región en guerra se escindió del norte, y que ahora se conoce como Sudán del sur, la situación no se ha calmado. Sudan es además responsable de otro tristemente famoso conflicto, el de Darfur, al oeste, en el que miles de personas mueren en desplazamientos sin salida y en riesgo permanente de hambruna, al estar atrapados en una tierra en caos, sin ayuda, en un genocidio encubierto. 

                Otro país en constante conflicto es Somalia, y donde cada cierto tiempo se repite la historia, sequías cosidas con los hilos de un conflicto que dura décadas y que no tiene visos de detenerse, han sumido al cuerno de África en la región con más muertes por hambre de todas las que se conocen. 

                Por último, resulta paradójico que Nigeria, un país petrolero, minero, principal productor de industrias petroquímicas de toda África, admirado por China, una de las economías más potentes del continente africano esté en situación de hambre. Pero es así, una extensa región dominada por los insurgentes fanáticos de Boko Harum, están destruyendo las posibilidades de existencia de una gran parte de la población del sureste, apoyados estos sectarios por sus vecinos del Chad y por Al-qaeda, la milicia fanática suní.

                En gran parte se puede observar que los conflictos que están creando estas situaciones de hambruna, son sociopolíticos-religiosos. Estas escaseces de alimento apenas tienen que ver con situaciones naturales o climatológicas, pues en muchos casos se trata de tierras fértiles, otras regiones de buena pesca, ganado, pastos, pero bañados con la sangre del egoísmo y el odio. Para el ciudadano occidental son conflictos lejanos, que apenas tienen repercusión en los telediarios, esos que ponen a las horas en las que muchos nos atiborramos de comida conseguida en grandes superficies donde encontramos estanterías repletas de alimentos, que en gran parte de tiran antes de llegar a caducar. 

Por otro lado vemos más Ongs, que nunca en la historia, quizás conocemos a unas cuantas, (Cruz roja, Manos unidas, Médicos sin fronteras, Unicef, Intermon-Oxfam, Anesvad, Intervida, Save the Children, Acnur, etc), pero en realidad hay millones, solo en Reino unido hay 5.543 agrupaciones de ONGs registradas y en cada país funcionan otras tantas, en algunos países como España, es difícil saber a ciencia cierta cuántas hay registradas, aunque se calculan unas 15,000. Y se sabe es que, tan solo en España se destina aproximadamente unos 2,000 millones de euros anuales a las más importantes. Bien es verdad que de las millones de Ongs que operan en el mundo, solo una décima parte de estas se dedica a la ayuda a la pobreza, a paliar el hambre o las consecuencias de las guerras, otras muchas se dedican a luchar a favor de derechos, libertades, salud, educación, protección del medio ambiente, protección animal, drogodependencia, igualdad sexual, etc.

Centrándonos en las que se dedican a países pobres o en crisis humanitarias, algunos estudios indican que, una de cada cinco ONG de las más importantes gastan solo la mitad de lo que reciben en ayudar para los que lo necesitan. El otro 50% se gasta en publicidad, salarios, infraestructuras y otros menesteres relacionados con el marketing y gastos estructurales. Sería difícil calcular cuántos miles de millones de euros se mueven en todas las ONGs, y más difícil es hacer una estimación cercana de cuánto de ese dinero llega a donde debe llegar. Y con esto no pretendo menospreciar, ni hacer una crítica destructiva al esfuerzo de cientos de miles de voluntarios y la labor de estas organizaciones. Personalmente colaboro mensualmente con una ONG para ayuda infantil, tengo familiares y amigos voluntarios en países con necesidad y otro familiar trabaja en asuntos sociales a nivel local. Pero reconozco que son muchos años escuchando las mismas cosas, las mismas solicitudes de ayuda, y como cualquier persona que colabora, me pregunto ¿por qué las cosas siguen igual? Es verdad que la ayuda que uno pueda aportar se reduce a unos pocos euros cada mes, pero sumados llegan a miles de millones de euros a nivel mundial, sin embargo, la necesidad no cesa. Como decía uno de los titulares antes citados, la ayuda humanitaria no acabará con el hambre este año, como no lo ha hecho en los años pasados, y lamentablemente, ni el que viene. Yo recuerdo muy bien anuncios de campañas contra el hambre de hace veinte y treinta años, campañas que se repiten y que intentan concienciarnos, enseñando por televisión escenas espantosas, impactantes. 


 Hambruna de pirncipios de siglo XX en África aún en época colonial

Puedo hablar desde la experiencia de haber vivido parte de mi vida en un país del tercer mundo, aunque no he pasado hambre, pero tampoco era rico. Me consideraba afortunado en un país desgraciado. Sin embargo, he visto personas viviendo alrededor de basureros, recogiendo comida allí, tenía amigos que vivían muy miserablemente, en chabolas con techos de zinc, en barrios marginales. También en mis años de infancia fui testigo de la ayuda recibida de algunas ONGs, sobre todo cuando un terremoto asoló el país donde vivía. Allí fui testigo de una curiosa situación que tal vez ilustre lo que suele pasar a nivel general, en aquella ocasión, hablo del año 1976, en la escuela pública donde estudiaba recibimos ayuda humanitaria, ropa, comida, caramelos, galletas, y otras cosas que nunca vimos. Los niños apenas supimos del paradero de los caramelos, una o dos veces nos dieron a probar. Después se nos dijo que se acabaron, sin embargo nos dieron durante varios meses las galletas blanquecinas, supuestamente saladas, con un tono ligeramente agrio y algo bicarbonatado, que no se me olvidará. Recuerdo haber visto las latas en las que venían, eran grandes, con una fecha puesta en la tapa: 1965. 
Para ser sincero, yo fui de los pocos que me comía responsablemente aquellas galletas y además tomaba de una especie de avena con agua al que llamaban “atol”, que repartían durante el recreo. Lo más rico, según me enteré, se lo quedaban los maestros e iba a parar a sus familias y amigos. A mí no me importaba, pues guardo buen recuerdo de aquel atol. Si hubo otro tipo de alimentos o ayudas, nunca llegaron a la población necesitada, se fue quedando en las altas esferas. Y es algo que lamentablemente se repite con mucha regularidad, por eso desde hace algunos años, son los propios voluntarios de las ONGs quienes se encargan de repartir las cosas básicas, aunque no siempre es posible. A día de hoy, mucha de la ropa que se manda desde el primer mundo a los países pobres a través de las ONG, es la que después se vende en mercados y tiendas en las ciudades de los países receptores, lo mismo sucede con los alimentos y otras ayudas. Algunos podrían decir que eso no es del todo malo, pues genera un comercio y mueve el dinero que circula entre los pobres. 


 En cualquier caso, la ayuda humanitaria que de buena gana se da a las organizaciones “sin ánimo de lucro”, llega a los necesitados diluida en dosis tan pequeña que nunca llega a ser suficiente. Ni porque los estados ricos destinen el 0.7% de los impuestos, ni porque se hagan grandes campañas de recogida de dinero, la pobreza y el hambre siguen siendo plagas que nunca cesan. Y no quisiéramos pensar que las ONGs actúen como las farmaceúticas, que producen la medicina para crear clientilismo y ganar dinero y no para erradicar las enfermedades, sería terriblemente insultante afirmar eso, pero lo que sí está claro es que a algunos elementos del sistema, parece que sí interesa que haya pobres y desgraciados, pues son muchos los que viven a costa del dinero que reciben las ONGs y otros tantos que los tienen como sus clientes preferentes. Se estima que actualmente hay aproximadamente 10 millones de ONGs en el mundo, solo en EEUU, hay 1,4 millones que emplean a 11,4 millones de personas y en el mundo se registran aproximadamente 68 nuevas cada día, y mueven tanto dinero, que se dice que si se juntasen a todas las organizaciones de ayuda y se formara un país, sería la quinta economía más grande del mundo. El aumento vertiginoso de tantas organizaciones no gubernamentales, sin ánimo de lucro, nos hace pensar que si debe haber algo de lucrativo en este negocio.

Por último, el sistema comercial que convierte todo bien, en material por el que comerciar. Recientemente, Monsanto y Bayer se van a fusionar. Monsanto, inventor de los más peligrosos pesticidas, de las famosas bombas quimicas y gas mostaza, es ahora la multinacional más importante del secotr de las semillas, que intenta monopolizar y manipular las semillas de todo el mundo, esta ofrece semillas modificadas para que  produzcan cosecha más productivas y libres de defectos, pero cuyos frutos llevan semillas infértiles, asegurándose de que les vuelvan a comprar las semillas a ellos. El impacto que supondrá asociarse a Bayer es que si antes un 26% de las semillas provenían de Monsanto, ahora eso supondrá un 50% y el mercado africano y asiático se inundará de sus semillas. La indsutria al servicio del hambre, pues los países pobres, antes autosuficientes en semillas, ahora dependerán de las multinacionales.

Así que, bajo esta situación, seguro que seguiremos escuchando sobre hambrunas, pobreza, miserias, catástrofes humanitarias, que nos revuelven las entrañas, que hace que nos quejemos, que busquemos culpables, que culpemos a Dios, o que intentemos justificar lo injustificable y aliviemos nuestra conciencia, donando unos pocos euros o cambiando de canal para no afrontar la cruda y dura realidad de lo que la llamada aldea global es: un absoluto fracaso. 

                El fin del hambre, tendrá que llegar. Pero no lo hará mientras este sistema económico político y religioso mundial se mantenga en pie. Debe caer y que sus escombros sirvan para construir una nueva sociedad, sin la presión del dinero, ni del sistema financiero, ni de la industria armamentística, y por supuesto eliminando las barreras, las divisiones artificiales que nos separan, en esos mundos tan alejados. Un sistema humanitario, basado en una economía cooperativa y cuyo crecimiento se mida por el beneficio general y no por poder individual.  Para muchos es una utopía, pero yo siempre contesto: Lo es ahora, pero ¿lo será mañana?     

El reloj del apocalipsis




¡El reloj del apocalipsis o del fin del mundo va a volver a ser adelantado!  ¿Qué significa esto? ¿Cuál es el reloj del apocalipsis y por qué se le llama así?
En 1947 el director del Bulletin, una revista cuyo propósito era de alertar al mundo sobre los peligros de la energía nuclear, solicitó de la artista Martyl Langdorf que dibujara una imagen que ilustrara el peligro al que el mundo se enfrentaba, de llegar una conflagración mundial de características nucleares. Ella dibujó un reloj que marcaba siete minutos para la media noche.  A partir de entonces aquello se utilizó como símbolo de inminente peligro, y se nombró un grupo de expertos de diferentes disciplinas para que retrasaran o adelantaran dicho reloj en función del peligro al que se enfrentara la humanidad.

En 1949 cuando la Unión soviética realizó sus primeras pruebas nucleares, se llegó a adelantar hasta los tres minutos para la media noche, llegando a los dos minutos en 1953, cuando se experimentó con la temible “bomba de hidrógeno”. Pero cuando las potencias se dieron cuenta del poder destructivo de la carrera que estaban empezando a correr, y llegaron los primeros acuerdos, se atrasó llegando en 1962 hasta siete minutos originales.


En 1984 en plena guerra fría, llegó a alcanzar de nuevo los tres minutos para la media noche, para ese entonces aquello se tomó como un temor mundial, el punto más álgido de peligro real jamás alcanzado hasta entonces, era la época en la que Reagan hablaba de guerra de las galaxias, enfrentamientos espaciales y Brezniev de bombas de neutrones.   

Pero pocos años después en 1991, cuando cayó el telón de acero y se disolvió la URSS, las manecillas se atrasaron hasta 17 minutos. Se respiraba optimismo, la paz mundial podría llegar y la democracia había triunfado. Pero posteriormente, debido a los acontecimientos relacionados con el terrorismo internacional, un nuevo distanciamiento entre Europa occidental y Rusia, se ha ido adelantando, hasta que en el año 2015 se colocó de nuevo en la posición de los tres minutos, idéntica que en plena guerra fría.

La cuestión es que ahora ya no se teme tanto una conflagración nuclear, pero hay otros peligros que acechan la paz y la convivencia en el planeta, como el terrorismo internacional, los escalofriantes datos sobre el calentamiento global, el acercamiento de otro bajón inminente en la economía mundial. Esto último es algo que los gobiernos se empeñan en desmentir, los medios de comunicación procuran tapar y los bancos intentan maquillar, pero todos saben que no hay escapatoria y que se avecina una nueva caída para la que ya no hay colchoneta posible que la amortigüe.



¿Pero qué tiene que ver esto con el temor a una catástrofe o guerra nuclear?

No se sabe si los expertos adelantarán un minuto o incluso dos el reloj, y no porque se vea más cerca una guerra nuclear entre las potencias mundiales, no parece posible que por mucho que lleguen al poder peculiares dirigentes, sean tan locos para provocarla. En realidad, ahora el mayor temor es a las consecuencias de una nueva guerra que se está iniciando, la guerra económica, donde los poderosos intereses de unas potencias y otros chocarán como trenes en marcha, reventando todo lo que queda en pie.  No sabemos hasta donde se llegará, pero expertos vaticinan una crisis aún mayor si una de las actuales potencias China, cayera.

En cualquier caso, le llaman “Reloj del Apocalipsis”, como si aquel libro bíblico del que sacan dicho nombre solo anunciase calamidades y si se lee detenidamente no es así. Al mundo de las finanzas, del militarismo y de la política, poco les interesa lo que ese libro diga, seguirán mirando por sus intereses y de espaldas a las verdaderas necesidades de la gente común.  Ojalá pronto se cumpliera lo que aquel libro dice y todos los problemas de la humanidad cesarían.  

Gavrilo Princip y el efecto mariposa



El 27 de Junio de 1914, un joven servio-bosnio, llamado Gavrilo Princip, miembro de una organización de llamativo nombre: Mano negra, disparó contra un principe de una potencia dominante de aquellos timpos. El atentando que aquel joven cometío contra el heredero del imperio autro hungaro, provocó una serie de acontacimentos que pocos meses después llevaría a declarar la Primera guerra mundial. Aquella guerra vino a cambiar muchas cosas en todo el mundo, significó el fin de varios imperios, entre ellos el Astro-hungaro, el Otomano y la caída de la dinastía zarista en Rusia, así como el ensalzamiento a nivel de potencia militar de EEUU y una alianza fiel y constante con Inglaterra. 

Siguiendo el hilo de los acontecimientos, la guerra provocó entre otras cosas, que en Rusia se iniciara la revolución bochevique, que hizo que esta abandonase la guerra en 1917, antes de terminarla y con ello facilitó el establecimiento del estado comunista de la Union sovietica. 

Por causa de la influencia que el sistema soviético empezó a tener en varios movimientos políticos en Europa, surgieron los fascismos y el nazismo, incluso guerras entre el comunismo y el fascismo, como en España, situaciones que fueron permitidos entre otras cosas, para evitar el avance del sistema bolchevique. A las potencias occidentales les interesaba Hitler porque de alguna manera servía de barrera al avance del comunismo.

Hitler llegó a alianzas engañosas con Stalin a fin de adueñarse de gran parte de Europa, a cambio de que este no intervinieran. Pero las ansias expansionistas de Hitler dieron inicio a la segunda guerra mundial y con ello al error de guiarse por su instinto anticomunista e intentar invadir a la Union sovietica y con ello provocar la entrada de esta en la II guerra mundial. La intervención de EEUU y la alianza con Inglaterra y URSS significó el fracaso de el fascismo en Italia y el nazismo en Alemania. 

Pero la división territorial de Alemania entre las potencias vencedoras, dio origen a otro conflicto, la división de Berlín, la construcción del muro y el telon de Acero y la influencia del comunismo en la mitad de Europa. Nace la llamada "Guerra Fría".

La guerra fría, creo conflictos como los de Corea, que se dividió en dos, los del sur apoyados por EEUU y los del norte por el bloque soviético. Poco años después se abrirían conflictos en Cuba, y cruentas guerrillas en varios países latinoamericanos. La famosa guerra de Vietnam, significó la primera derrota de EEUU en una guerra, en parte por el apoyo de URSS al bando comunista. 

Pero años después EEUU, le devolvería la moneda a la URSS, cuando esta pretendió conquistar Afganistán. En ese momento, EEUU apoyó a la guerrilla que expulsó a los sovieticos, liderada esta por un millonario saudí llamado Bin-Laden. Pero, coincidiendo con esa derrota, vino la caída del muro de Berlín y de la mayoría de los estados del bloque soviético. Poco después, los acontacimientos sucedidos en 1990 en la primera guerra del golfo, cuando en verano, Iraq invade Kuwait y EEUU sale en ayuda de este último, instalando bases en "territorio santo" de Arabai Saudí, entonces Bin Laden se rebela y declara la guerra a EEUU, iniciando los planes para atacar con su organización terrorista todos los intereses Norteamericanos en cualquier parte del mundo. Se suceden una serie de atentados en diferentes países contra embajadas, bases, incluso porta aviones de EEUU. Afganistán cae en manos de los Talibanes, aliados de Bin Laden y su organización AlQaeda, quienes le protegen, lo cual convierte el país aliado en enemigo. 

Esto nos lleva hasta el año 2001, cuando un grupo de terroristas, apadrinados por Bin Laden y apoyados por su organización, provocan el atentado más grande de todos los tiempos, el ataque a las torres gemelas el 11 de Septiembre. Esto significó un duro golpe contra la potencia mundial y el inicio de la llamada Guerra contra el terrorismo internacional, que para ese tiempo lidera Al-Qaeda. 

EEUU, vuelca toda su furia contra Afganistán, pero de nuevo erroneamente contra Iraq, lo que lleva a una alianza internacional a atacar a derrocar a Sadam Husseín y su régimen y convertir un país rico y poderoso en una nación desintegrada y debilitada. 

Esta situación provoca el nacimiento de movimientos más radicales que Al-Qaeda, que aprovechan la desintegración de Iraq, Libia, y la guerrra de Siria para formar un poderoso califato islamista radical, conocido como Estado islámico, IS, Isis o Daesh, diferentes nombres utilizados para un oscuro sistema del que aún no se conocen los resultados que dejará tras su paso por una basta zona de Iraq, Afganistán y Siria. 

De nuevo Rusia y EEUU luchan aparentemente con el mismo propósito derrotar a este ennemigo común, junto a ellos Inglaterra, Francia y muchos otros países, que como España, han sufrido las consecuencias de meterse en los conflictos de oriente medio. 

Esta guerra, como todas las guerras provoca crisis económica y esta se está haciendo notar en prácticamente todas las economías mundiales. Pero por causa de esta misma crisis del 2010, muchas naciones han llegado a sufragar indirectamente al DAESH, al comprar petroleo barato que este empezó a suministrar al invadir terriotrios con ricos yacimientos que ha seguido explotando. 

El final de todo esto ahora mismo es difícil de definir, si bien se vilsumbra la derrota del Estado Islámico, aunque posiblemente en una larga lucha, similar a la que se vivió en territorio alemán allá por 1944 y 45, que llevó a la destrucción absoluta de Alemania y al descubrimiento de toda la sangrienta maquinaria que aquel régimen llevó a cabo. Podemos hacernos una idea de los abusos y terribles situaciones que miles de personas bajo el oscuro régimen yihadista han posido sufrir. Cuando todo acabe se verán los resultados.

Es posible que el final de la guerra en oriente medio signifique el debilitamiento de un sistema religioso hasta ahora muy sólido, como el Islam, o por el contrario, provoque el avance del integrismo en países que antes servían de frontera, como Iraq, Siria o Libia. 

En cualquier caso podemos decir que la actual guerra contra el yihadismo internacional y contra el Estado Islámico, que parece estar en su recta final, ha sido consecuencia de un suceso acaecido hace 102 años. Un atentado ha provocado la guerra más complicada, contra el terrorismo mundial.


Si Gavrilo Princip hubiese sabido que aquel disparo suyo llegaría a tener efectos hasta el día de hoy, posiblemente se lo hubiese pensado antes, o tal vez no, pues los hilos que mueven acciones como estas son indesligables. Gavrilo murió en abril de 1918 a pocos meses de acabar la guerra, recluído en un presidio, donde sufrió torturas brutales, apenas pesaba 40 kg, se le tuvo que amputar un brazo que se le gangrenó al estar encadenado por años, y después de varios intentos de suicidio, lo hizo de una tuberculosis osea. Tan solo pudo escribir unas últimas palabras que fueron encontradas en su mugrienta celda de castigo, que decían lo siguiente: Nuestras sombras andarán por la ciudad, se pasearán por la corte y atemorizarán a la aristocracia.

Aunque parecía refereirse a Viena, estas palabras bien se pueden considerar como presagio de los acontecimientos que desde entonces han sido comunes en todas partes, y hasta ahora con el temor al terrorismo, esa mano negra que parece insistir en que no tengamos paz en el mundo ni por un día desde entonces.