Economía colaborativa ¿Se convertirá en el futuro de la economía mundial?



Relacionar economía y colaboración, es como hablar de dinero y altruismo, son cosas que parecen hoy día, antagónicas. Sin embargo es en gran parte la forma de vida de miles de personas en el mundo, sobre todo en países donde por diversas circunstancias no se benefician de la economía global del mundo actual. Entre los llamados países pobres, subdesarrollados o del tercer mundo, se da ejemplo de lo que tiene que ver con reciclar, economizar, aprovechar los recursos, aun por mínimos que estos sean y de mantener una gran colaboración entre sus ciudadanos. Salvando guerras y situaciones ajenas a la población, que producen sufrimiento, distanciamiento y crisis, la gente de esos lugares, si se les deja, siempre encuentran soluciones al margen de los políticos que les mal gobiernan. El trueque, el sistema más antiguo de intercambio de bienes y productos sigue funcionando en aldeas y lugares apartados de las grandes urbes.



No obstante, el mundo entero yace bajo las leyes del sistema monetario, impuestas en la sombra por los poderes establecidos que dirigen realmente el mundo. Los gobiernos nacionales tan solo cumplen su deber de aplicar dichas leyes en sus estados, independientemente del sistema o política que representen, y todos, aunque no lo quieran aceptan la leyes del dinero. La población no tiene más remedio que seguir el camino marcado, buscarse la forma de ganar dinero para subsistir, para progresar, triunfar o tener poder. Salirse de esto es ser señalado como un vago, bohemio, nini, o un excluido. Es curioso que incluso actividades de ocio o de entretenimiento, como los deportes, que antes pertenencían a espacios amateur, se han materializado, se han convertido en suculentos negocios, donde ciertos deportistas de élite se venden y se compran, y ganan cantidades de dinero astronómicas sin merecerlo, tan sólo por el mero hecho de ser bueno en lo suyo. Frente a millones de personas que son excelentes profesionales mal pagados que deben trabajar duro por décadas, sacrificando tiempo para su familia, aficiones y disfrute de la vida, hasta hacerse viejos y mal vivir al final de sus días, cargados de daños físicos, fruto de su labor.

Hoy todo tiene un valor, a todo cuanto nos rodea se le ha puesto un precio, nuestra salud, la propia vida, incluso en el mundo occidental, la muerte cuesta dinero. La comida, el agua, viajar, conocer lugares, moverse por las calles de cualquier ciudad, incluso en la que uno vive, tener luz para ver de noche, todo requiere pagar tributo, impuestos, o pagos por servicios. Antiguamente no era así, por ejemplo, viajar a otro país, hasta hace no muchas décadas no requería de visados, bien es verdad que las fronteras y divisiones territoriales han existido desde que tenemos historia, pero la gente se podía mover por los territorios libremente, entonces el mundo si era una aldea global, hoy no. Estamos construyendo un mundo en el que los sistemas monetarios lo dominan todo y a todos, imponiendo su uniformidad y sin embargo, no por ello el mundo está más unido, al contrario, mas infranqueables se están poniendo las fronteras. Vale, alguien podría decir ¿que hay de la Unión europea? ¿No han logrado los europeos eliminar las fronteras? Quizás físicamente en apariencia han sido eliminadas, pero la fractura social y económica de las clases ricas y pobres, está aumentando, la desaparición de la clase media está llevando a estas sociedades a una nueva ruptura y que existe tan solo la preocupación por mantener en buen estado las macro-economías frente a la economía de la calle.


Sin embargo, desde la irrupción y popularización de Internet ha ido surgido una forma paralela de economía, libre de los mercados, ajenos a las leyes comerciales, que hablan de un mundo colaborativo y de ayuda sin que medie la búsqueda de lucro. Aunque con el tiempo, el mundo financiero siempre busca la manera de sacar partido de ello, pero la tendencia y la base de Internet es compartir, sea saber, cultura, ciencia, o ideas, todo en internet se convierte en un mosaico de lo que el mundo ofrece. Cuando le llegó el turno a la música, surgió el formato digital Mp3, que revolucionó la manera de conseguir las canciones de toda la vida sin mediar formato físico, cambió la forma de distribuirla y de escucharla; se crearon programas que a principios del siglo XXI, buscaban compartir gratis la cultura musical, claro que a costa de dañar el sostén de los propios músicos y que también algunos aprovechaban para formar redes delictivas, pero sin verse claro donde estaba el negocio, la gente intercambiaba sus archivos y en la red de redes todo era de todos. Aquello solo era una prueba de lo que Internet podía conseguir, millones de personas compartiendo archivos, música, películas, libros. También desde sus inicios surgió el llamado software libre o abierto, que no era otra cosa que programas, incluso sistemas operativos a los que gente anónima añadía mejoras y creaba aplicaciones por las que no ganaba nada, solo la satisfacción de haber cedido su legado.

Incluso el saber dejó de tener precio, todos recordamos cuando antaño comprar una enciclopedia era endeudarnos por años, sin embargo la Wikipedia se ha convertido en la enciclopedia global más importante y grande del mundo, escritores y correctores voluntarios colaboran en su proceso, pasando de ser una enciclopedia de dudosa categoría a convertirse en el referente en cuanto a información sobre cualquier asunto del conocimiento humano, una enciclopedia que se actualiza día a día, solo tenemos que ver como la entrada de cierto personaje, incluye asuntos como su muerte o algún premio recibido, minutos después de ocurrir el hecho. Y todo esto sin ánimo de lucro, aunque a día de hoy el ideólogo del proyecto, no hace más que pedir donaciones para poder mantener la página abierta, pues no es fácil contener los petabytes de información que debe almacenar por las millones de páginas de información de las millones de entradas que la enciclopedia contiene.

Estaba claro que la cultura de lo gratis ha calado en un buen número de internautas. Pero curioso es que en algunos casos, iniciativas o soluciones en Internet que en los inicios sus autores o desarrolladores lo crearon como soluciones libres o gratuitas, se transformaron en grandes negocios, Google, mismo se inició como un buscador que no quería nutrirse colocando publicidad, su interface, que sigue siendo simple, sin anuncios es lo único que queda de esa idea primera. Lo mismo sucedió con Facebook y otras redes sociales, tenían un fin altruista, pero pronto el dinero metió la mano en ellos, y hoy se han convertido en suculentos y lucrativos negocios, aunque la mayoría de las personas ni siquiera sepan cómo se financia y dónde está el negocio en esto.  



La crisis económica que ha afectado a gran parte del mundo occidental, para algunos expertos no se trata de un vaiven más de los ciclos regulares, sino que se trata de una crisis sistemática del capitalismo, es decir, que hablamos de una fractura de los mismos cimientos de todo el sistema. Según algunos expertos en economía, va a ser necesario un nuevo sistema que realmente pueda hacer funcionar las cosas o el mundo está arrastrado a repetir pronto otra caída del sistema, quizás mayor, pues el futuro es incierto. La automatización, la robótica y el adelanto en los progresos informáticos, que se está implantando para rebajar costes y mantener los beneficios, está eliminando puestos de trabajo e inevitablemente empuja al mundo a una nueva situación, donde los obreros u operarios asalariados apenas tendrán cabida, es el panorama al que se enfrentan las naciones sin saber cómo abordarlos. Es un hecho que ya se está notando en muchos estados, los parados de larga duración, tanto jóvenes con poca experiencia, como mayores de cincuenta años, lo tienen casi imposible para ocupar un puesto de trabajo, pues la forma de vida actual no requiere de tanta mano de obra y no se prevée un cambio en esa tendencia.

Esto ha hecho que de alguna manera surjan por doquier soluciones que se mueven por la cooperación o colaboración entre los individuos, la venta e intercambio de artículos de segunda mano se está convirtiendo en el mercado de mayor crecimiento, pero todo bajo cuerda, es decir fuera de las leyes, regulaciones y contabilidades de los estados. Los servicios de intercambio es uno de los principales modelos de este sistema, y en estos se hace necesario el uso del dinero, los mismos servicios son cosiderados bienes, por ejemplo una persona tal vez necesite alojamiento durante un periodo de tiempo en una ciudad, y se hospeda en una casa donde a cambio el hospedador solicita de este clases de ingles o francés o de cualquier otra cosa, o sencillamente le arregla el jardín o pinta la casa. Existe también lo que se llama el “Crowfunding solidario”, que no es otra cosa que micro contribuciones o mecenazgo múltiple de parte de muchos pequeños contribuyentes o inversores voluntarios. Estos se hacen a través de plataformas en Internet, donde uno puede donar una pequeña cantidad de dinero para cierto proyecto, a su vez quien recibe el beneficio de las ayudas colabora con otros proyectos, y un pequeño porcentaje de esas contribuciones sirve para los gastos de la plataforma. Y aunque el sistema parezca piramidal, no lo es, pues el contribuyente no espera a cambio intereses económicos, sino recibe recompensas en forma de regalos, por ejemplo, un escritor que solicita una ayuda, si tiene éxito, envía a sus contribuyentes un ejemplar de su libro o divide sus regalías entre los contribuyentes, un músico, entrega invitaciones para sus conciertos, alguien que monta una empresa ofrece participaciones en los beneficios de esta y así por el estilo.

Otra cosa que se encuentra en el mismo origen de Internet es compartir el  conocimiento, y este propósito sigue teniendo importancia vital en la función de la red, existe el llamado conocimiento abierto, que se encarga de promover la difusión del conocimiento sin barreras legales o administrativas.

Poco antes de estallar la crisis habían surgido en iIternet, páginas, blogs, y foros de toda clase de temática, en la que de manera altruista, simplemente con el ánimo de compartir conocimiento, la gente escribía y daba soluciones o consejos sobre cualquier asunto, ya sea técnico, de salud, social o de cualquier cosa imaginable, y esto se ha multiplicado desde entonces y sobre todo desde el inicio de la crisis. Youtube vino, no solo para entretener, solo tenemos que ver la cantidad de tutoriales que podemos encontrar a día de hoy, sobre cualquier temática y sin pagar nada por ello. Podemos hacer arreglos de fontanería, de electricidad, de costura, de electrónica, reparación de nuestros electrodomésticos y un sin fin de cosas, viendo unos pocos vídeos de tutoriales. El lema que Internet está imponiendo es: Háztelo tú mismo, yo te enseñaré a hacerlo.




Y esto puede ir a más, algunos vaticinan, con la llegada de las impresoras 3D, que pronto muchas personas se harán sus propios objetos, herramientas  o cualquier otro utensilio sencillo, saltándose a los fabricantes, y hacerlo en su propia casa. Hay páginas en las que voluntarios van colocando diagramas o diseños de todo tipo de objetos que las impresoras 3D pueden realizar para que cualquiera pueda descargarlas e imprimirlas. Es verdad que por el momento este tipo de impresoras no es algo que se pueda decir que sea asequible para todos, su compra, construcción y manejo aún no está al alcance de muchos, pero el tiempo dirá hasta dónde se llegará con esta curiosa tecnología. La telefonía móvil agregó un nuevo hito en esto, surgen constantemente apps con soluciones para hacer la vida más fácil en las grandes ciudades. Por ejemplo, con algunas puedes encontrar aparcamiento en la ciudad, informado a la vez de esto en la misma a otros usuarios, otras para compartir vehículo en las ciudades, para intercambio de artículos o venta de bienes de segunda mano, sin intermediarios. Existen plataformas donde se comparten casas, es decir alguien de Barcelona viaja a Madrid y otro lo hace en sentido contrario, ambos intercambian sus apartamentos. Una persona monta en su vehículo a otros individuos que va recogiendo por el camino a cambio de compartir el gasto de gasolina, se habla de utilización temporal de objetos y bienes en un intercambio de prestamos, tú me prestas lo que necesito y yo te presto lo que tú requieres de forma temporal, todo bajo acuerdos de confianza mutua, algo desconocido en una sociedad materialista como la actual. Esto es lo que se ha llegado a denominar la economía colaborativa, compartir en vez de poseer.

Sin embargo, aquí tenemos que indicar un pequeño o gran matiz, en algunos casos, lo que algunos califican como colaborativa, en realidad esconde una explotación laboral y mercantil de proporciones alarmantes. Muchos empresarios han empezado a meter sus garras en el sistema y están haciendo fortunas con todo esto. Con lo cual, deja de ser economía colaborativa para convertirse en economía sumergida y precariedad laboral, en el que algunos jóvenes sobre todo, acuden como única salida, y acaban dándose cuenta que tienen que dedicar gran parte de su tiempo para apenas ganar para sus gastos. Está claro que en el momento cuando el dinero toca algo, lo estropea y por ello la verdadera economía colaborativa aún está por llegar, debe desprenderse de la búsqueda desmesurada del dinero, pues entonces pierde todo interés. 

Por ejemplo, muchos blogueros y youtubers empezaron haciendo presentaciones de ayuda o consejos sobre videojuegos, cocina o moda, por amor al arte, pero Google vio el negocio en ellos, les ofreció dinero por medio de la publicidad, unos pocos han triunfado y ahora hay millones de novatos haciendo sus pinitos en el mundo de los vídeos, imitando a los pioneros, esperanzados en que ganarán dinero como estos, sin darse cuenta que el pastel está muy dividido y tiene su límite. Eso ha dejado de ser labor colaborativa, para convertirse en un mercado saturado de charlatanes y vendedores de aire. La cuestión de fondo, no obstante, es que el hombre por naturaleza siempre busca la manera de colaborar, de ayudar a los demás, es algo innato que llevamos dentro, pero que el mundo tal como está montado se esfuerza por convertir en lo contrario.

La verdadera economía colaborativa aún a duras penas se puede ver en los países más pobres, pero conforme se intenta sacar a la fuerza de ese tercer mundo a estas naciones, introduciendo métodos que tal vez funcionan en Ney York o Bruselas, pero no allí, se eliminan las posibilidades de mantener esa economía viva y la degradan, la contaminan y con el tiempo desaparece, dejando tan solo pobreza, delincuencia y egoísmo. Sería fácil revertir esta situación, pero no es lo que desean las grandes finanzas, quienes no quieren oír hablar de economía colaborativa, así que mientras este sistema lo sigan dominando las mismas fuerzas, esa cooperación innata del hombre tendrá restringidas sus puertas.

Pero ¿cómo sería el mundo si todo se convirtiera en economía colaborativa? ¿Sería como si volviera el trueque? ¿Significará un retroceso en el progreso de la humanidad? En realidad la economía colaborativa es algo más que el simple trueque, y en cuanto a cómo sería el mundo pongamos un ejemplo: En primer lugar diremos que no se cambiarían las transacciones monetarias por simple trueque, de hecho el uso del dinero quedaría restringido a cosas de mayor calado, o incluso se podría prescindir de el. No siempre se cambiarían bienes por otros bienes, sino por servicios, por ayuda en determinados proyectos comunitarios, o sencillamente habría bancos de favores, donde se pondrían las cosas que a uno le sobran y que otro al que le falta buscase. Se organizarían cooperativas locales donde los distintos gremios ofrecerían sus productos o servicios y nadie tendría falta alguna, el trabajo sería voluntario. Por supuesto hay labores más duras pero necesarias, como las labores del campo, la extracción de materia prima, etc. Las máquinas bien podrían sustituir al hombre en tales labores y la gente se concentraría en mejorar la vida, dar soluciones y crear mejoras en su entorno, sin las prisas por ponerlo en circulación para poder obtener beneficio rápido. Por supuesto que un sistema así, requeriría en primer lugar, lógicamente, que la gente primero tuviese cubiertas las necesidades básicas, como la comida y el techo, es curioso que estos son unos derechos que recogen todas las constituciones de los estados, pero que ninguno realmente cumple.

Algunos países quieren experimentar con la llamada “Renta básica universal”, como Finlandia, desde enero del 2017 o, más recientemente la provincia de Ontario, en Canadá. Algunos señalaban que esto animaría al vaguismo, pero no es el caso según lo que a día de hoy están notando los observadores y seguidores del experimento. Si un sistema así se estableciera a nivel mundial, es posible que según los más excépticos y pesimistas, llevaría a muchos a la vagancia, algunos sencillamente se conformarían con comer y dormir. Pero no sería así en todos los casos, la historia nos enseña que hombres y mujeres de la antigüedad dedicaron su vida a la investigación e invención, sin buscar enriquecerse por ello. Hay ejemplos de esto por todas partes y en todos los campos, la cantidad de investigaciones realizadas en el mundo, se debe a personas que no vivieron de sus descubrimientos, ni del tiempo que dedicaron a ello, en la mayoría de los casos, tenían rentas aseguradas al tratarse de nobles o con familias pudientes, o sencillamente tenían patrocinadores que los sustentaban, y a esa dedicación desinteresada debemos la base de todo nuestro adelanto tecnológico actual. Si hoy día, muchos científicos o inventores tuviesen cubierto su sustento, no dudarían en dedicarse a ello con un afán de superación, y no tanto para lucrarse. 

En cualquier caso, se debe inventar algo mejor que el dinero para lograr una sociedad realmente colaborativa, pues como ya se ha apuntado anteriormente, todo lo que el dinero toca, lo corrompe y lo distorsiona. Por eso se requiere de una sociedad que supere este escollo, de lo contrario estamos abocados al fracaso en ese campo. Lamentablemente las cosas no parecen ir por ese camino, pues las soluciones de los estados pasan por mantener cuidada la banca y contentas a las grandes fortunas, están obsesionados por la macroeconomía, sin importar mucho la economía de la calle. 

Más el que escribe esto está seguro que algún día si prevalecerá esta llamada economía colaborativa, pues está estructurada en la naturaleza humana, indicada en el diseño del software de nuestros cerebros, y ese diseñador que seguro tenía previsto eso, conseguirá algún día que deje de ser una utopía y se convierta en toda una realidad.

Este artículo se ha escrito con un procesador de texto de carácter libre, diseñado por una comunidad de programadores que de forma altruista lo han distribuido de manera abierta, instalado en una máquina o nanocomputadora del tamaño de una lata de anchoas, conocida como Raspberry Pi, diseñada por una fundación sin ánimo de lucro y con fines educativos para que la informática llegue de manera económica a todo rincón del mundo. Toda una indicación de que la naturaleza humana, por mucho que se empeñe el sistema, siempre busca la colaboración. 








Los terremotos y la intervención humana



Los terremotos han acompañado a la humanidad desde sus inicios, pero en los últimos años, debido en parte a la masificación de las ciudades, al aumento del número de estas y su situación geográfica, coincidente con zonas de riesgo asegurado, esto ha contribuido notablemente a que todos los años recibamos noticias sobre terremotos que destruyen ciudades y matan a cientos de personas. Algunos científicos afirman sin embargo, que es muy subjetivo hablar de aumento en el número y fuerza de estas catástrofes, pues son fenómenos que se repiten regularmente y son totalmente naturales, necesarios para el funcionamiento del sistema geológico y biológico del planeta. En cualquier caso, las estadísticas nos dicen que en los últimos 150 años se han producido un mayor número de terremotos considerados fuertes, (a partir de 6 grados en la escala Ritchier). Famosos terremotos, como los de San Francisco en 1906, Anchorage en Alaska, Valdivia en Chile en los años 60, Sumatra en 2003, Japón 2011, Haití 2012, México 1986 y los dos de este último año se deben añadir a una larga lista de devastadores terremotos, algunos ampliados por el consiguiente tsunami que les acompañó, dos de los más terribles han sucedido en las últimas décadas. Normalmente, no suelen ocurrir mucho más de 15 terremotos en todo el mundo de mayor magnitud de 7.1º  hacia arriba en un año, aunque entre los años 2003 hasta ahora, en varios años se ha superado esa cifra. Y menos común es que un mismo país en dierentes zonas, se sucedan tres terremotos fuertes de 8.4 , 7.1 y 6.1 grados, en un solo mes, lo que ha sucedido en México en Septiembre de 2017. 


           Arriba, algunos de los más devastadores terremotos han sucedido en este siglo XXI


 ¿Y si la virulencia y aumento del número de terremotos de gran fuerza en el mundo fuese debido a la intervención humana? No me gusta ser categórico, pero cierta información científica apunta a un hecho preocupante. De sobra es sabido que la utilización de residuos fósiles para la obtención de energía está detrás del llamado cambio climático, pues está alterando las condiciones de la delicada atmósfera terrestre. Pero ahora nos vamos a centrar en como la extracción del preciado líquido negro puede producir otros efectos también en el subsuelo y en la litosfera terrestre y pueden de alguna manera estár detrás de algunos movimientos telúricos. 

La manera como se extrae el petróleo es de lo más agresivo, cuando se sospecha que cierta zona, según el tipo de formaciones rocosas es más factible para encontrar petróleo, se procede a realizar las pruebas, que pueden incluir explosiones subterráneas para luego estudiar las ondas sísmicas que produjo la explosión, y que permiten conocer qué hay exactamente bajo tierra. Entonces una vez descubierto el lugar, se construye el pozo que funciona aprovechando la presión interior y utilizando potentes válvulas de succionado. Mientras haya presión suficiente se va extrayendo, cuando esta disminuye debido a que va bajando el nivel del petróleo, se utiliza agua, aire a presión, dióxido de carbono u otro gas para inyectar presión y que este siga fluyendo. En los últimos años se hacen exploraciones en las profundidades de mares bajos, utilizando el sistema llamado fracking, a fin de buscar petróleo y gas metano en las entrañas algo más profundas de la corteza terrestre. Esto está provocando efectos negativos en las zonas de prospección, pues a menudo la presión, las explosiones controladas y los métodos para realizar el “fracking” suelen tener efectos secundarios. Un incidente relacionado con esto sucedió en España, con el caso del proyecto Castor, que fue objeto del interés internacional. Los informes científicos dejaron claro que la ola de centenares de movimientos sísmicos de hasta magnitud 4,2 que se produjo en 2013 en la zona de Castellón estaba relacionada con el comienzo de operaciones en la plataforma costera Castor, donde se buscaba un depósito subterráneo estratégico de gas natural. La inversión realizada y el fracaso de esta ha costado muy caro a los ciudadanos, pero todo se debió a que primó durante mucho tiempo, la necesidad de buscar energía alternativa a la evaluación de los peligros, muchos expertos creen que se minusvaloró el riesgo de que los temblores que ya se sabía que se inducirían fueran tantos y tan importantes. 

Con respecto al petróleo diremos que, aunque se desconocen los procesos químicos involucrados en su formación primigenia, si se puede afirmar que se produce en el interior de la Tierra, por transformación de la materia orgánica acumulada en sedimentos del pasado geológico, no necesariamente grandes criaturas, como se creía antaño (dinosaurios), sino por lo general,  materia vegetal y más concretamente quintillones de pequeños organismos como el plancton que cuando muere se deposita en el fondo marino. Por ello el petróleo se encuentra mayoritariamente en el mar o zonas donde antes hubo mar, por lo general no se recoge en la zona donde se ha formado, pues puede ser arrastrado y luego acumularse en trampas geológicas naturales, de donde se extrae mediante la perforación de pozos. Pero contrario a lo que muchos piensan, esta sustancia, mencionada entre la más importante de los combustibles fósiles, no se encuentra formando grandes lagos subterráneos en forma de almacenes o grandes depósitos, sino en la mayoría de los casos impregnado en la arena y las rocas y pizarras del subsuelo, creando una mezcla viscosa y muy espesa. Las extracciones son por tanto, como estrujar una esponja para obtener el preciado líquido negro. Ahora bien,  curiosamente, si existen concentraciones o bolsas de petróleo en ciertas zonas hacia donde es empujado, (lo fue en su momento). Y ¿Cómo es empujado a esas bolsas o trampas geológicas? Pues nada más y nada menos que por las placas tectónicas, estas en su movimiento han ido empujando petróleo a lugares más cercanos a la superficie, gracias a esto se debe su descubrimiento. Sabemos que ya mesopotámicos y egipcios hace milenios utilizaban lo que ellos llamaban “Pez”, como aislante para embarcaciones y como combustible para sus antorchas. Sin embargo la explotación y utilización masiva no se comenzó hasta hace poco más de 150 años. Durante este periodo, hasta ahora, el consumo de barriles de petróleo extraída de las bolsas subterráneas se ha multiplicado en gran manera, convertido en el combustible predilecto de toda la humanidad, llegando a consumirse unos 88 millones de barriles al día, aproximadamente 14,000 millones de litros, que en la mayor parte se quema en forma de combustible para los vehículos y la obtención de energía, otro tanto en la fabricación de plásticos y otros aceites. La mayor parte de este material por otro lado, es irrecuperable, pues se convierte en gases que van a la atmósfera. Debido a ese masivo uso del petróleo como combustible, poco a poco se van secando los pozos y nos vamos dando cuenta que las extracciones no son infinitas y tienen su límite, por eso se busca una alternativa para el futuro. 

Claro, cuando se habla de que el oro negro se acaba, no significa que estemos agotado todo el petróleo que alberga el planeta, sino que con ello nos referimos al que es relativamente fácil de obtener, el que está a baja profundidad, queda el de las grandes profundidades marinas, cuyo costo y dificultad desalienta incluso a los más ambiciosos. 



Es muy posible que los huecos dejados por las zonas antes empapadas de petróleo, ahora se desmoronen o provoquen zonas de riesgo de terremotos. De la misma manera, según afirman algunos estudios científicos, que el movimiento sísmico de magnitud 5,1 en Lorca (Murcia), ocurrido hace algunos años y que destruyo parte de la ciudad y dejó numerosos edificios dañados, se debió, al menos parcialmente, a la extracción continua de agua subterránea, otros señalan también a las prospecciones de Castor, antes mencionadas. Y no es la primera vez que se ha relacionado, en diferentes países, terremotos con la construcción de grandes presas, con actividades mineras y petroleras. 

No sería nada de extrañar que la extracción del oro negro, esté detrás de muchos de los terremotos de baja intensidad que se registran en zonas cercanas. Estudios confirman el aumento de los movimientos sísmicos registrados en las zonas centrales de EEUU, lejanas a las fallas o uniones de placas tectónicas, sobre todo cuando se realiza el fracking y se provocan explosiones e inyecciones de aguas residuales en los pozos de Texas, suelen producirse temblores en zonas cercanas, como Oklahoma o Kansas. También en Canadá ha cundido la alarma por el aumento de grandes terremotos en la zona oeste no costera del país, y estas se asocian al “fracking”.  Por otro lado, la fracturación hidráulica, el método más empleado en el fracking, consiste en la perforación de un pozo a más de 2500 metros de profundidad, utilizando agua a gran presión, de tal manera que esta rompa la roca, a menudo esta agua es mezclada con granos de arena cubiertos con resina y otros productos químicos corrosivos, con el objetivo de ampliar las fracturas realizadas, los daños ecológicos a 500 metros a la redonda suelen ser la muerte de toda especie o planta cercana, son daños mínimos, asegura las industria petrolera, pero si esto lo multiplicamos por la cantidad aumentante de perforaciones de este tipo que se llevan  cabo en los mares para la  obtención de petróleo y gas, los efectos nocivos se multiplican, además de que estas fracturas, como hemos visto suelen contribuir a nuevos terremotos con relativa frecuencia.  
Es verdad que la magnitud de estos sismos no suele superar los cuatro puntos, por lo que no suponen una amenaza para la seguridad pública y el medio ambiente. Sin embargo, según los expertos, la sucesión de estos pequeños terremotos si puede contribuir al posterior desencadenamiento de terremotos de magnitudes superiores, los cuales sí pueden llegar a causar catástrofes. En los últimos años, se dice que ha habido un aumento considerable del número de grandes terremotos en diferentes partes del mundo, sobre todo si lo comparamos con siglos anteriores. Bien es verdad que hace siglos no había datos tan completos y muchos de estos terremotos que antes ocurrían en zonas deshabitadas, ahora suceden en poblaciones establecidas en lugares sensibles. Pero eso no significa que el peligro de terremotos causado por el hombre sea igual que antes, todo lo contrario, la mano del hombre está colaborando al aumento y riesgo de exponer a la población a riesgos innecesarios.  Por tanto, estamos ante mayor peligro de que un aumentante número de terribles terremotos supongan, como los tres recientes en México, consecuencias catastróficas para las poblaciones afectadas.

Si esto lo llevamos a zonas sensibles a movimientos telúricos, como las que están cerca de fallas, y dónde a veces coincide con lugares de extracción, precisamente donde la presión de las placas ha arrastrado o empujado el petróleo, si esto lo extraemos sin control, como de hecho está sucediendo, todo nos puede inducir a pensar que también conllevará un aumento del riesgo de que se produzcan más terremotos de gran magnitud y a mayor escala. 

¿Pudiera ser verdad que la capa de materia orgánica comprimida y en descomposición, es decir el petróleo sirviera de base o amortiguador del movimiento de las placas tectónicas y su constante extracción suponga un choque más seco entre placas, con la consecuencia de crear verdaderos cataclismos sísmicos? Nuestro sentido común y los descubrimientos científicos nos repiten que todo lo que hay en la tierra, no está allí para nada, todo cumple una función vital para el planeta, por tanto si el petróleo se encuentra en esas zonas, debió tener una razón lógica y necesaria. Esto encajaría en parte con la idea de que esta materia espesa tuviera ese fin, aunque según las nuevas teorías aceptadas mayoritariamente por la comunidad científica, queda descartado que las placas se deslicen sobre petróleo, pero el tema de la amortiguación si suena a una teoría plausible. Curiosamente, como hemos mencionado antes, los mayores yacimientos petrolíferos están cerca de las uniones de dichas placas y coincide con las zonas donde por lo general suceden más terremotos. Conviene, no obstante valorar esta teoría de forma más objetiva, para ello consideremos más a fondo como se mueven y sobre qué lo hacen las placas que forman la Litosfera. 

Un escritor bíblico, hace ya más de tres mil quinientos años,  vino a decir una cosa que hasta hace menos de medio siglo no fue probado por  los científicos: En cuanto a la tierra de ella sale alimento, pero debajo de ella, ha sido trastornada como por fuego (Job 28:5). No le faltaba razón al escritor de estas palabras, pues bajo las plataformas donde se asientan los continentes todo se encuentra en ebullición.  Curiosamente el escritor de aquellas palabras no vivía en zonas que le llevaran fácilmente a esa conclusión, pues no había, ni en Egipto, Palestina o Mesopotamia actividad volcánica conocida, salvo en la zona norte de la actual Turquía o Siria. Es más, hasta hace relativamente poco tiempo, tampoco se entendía cabalmente el funcionamiento de los volcanes, por ejemplo, los antiguos griegos creían, al igual que otras civilizaciones de antaño, que el poder caprichoso de los volcanes solo podía ser explicado como un acto de los dioses, el mismo nombre deriva del dios del fuego, Vulcano. El famoso astrónomo del siglo XVI, Johannes Kepler  fue de los primeros en afirmar que eran los conductos lagrimales de la tierra. Años antes, el jesuita Atanasio Kircher, después  de haber sido testigo de varias erupciones volcánicas del Etna y el Estrómboli , se animó a visitar el cráter del monte Vesubio, con esto publicó su propuesta de que el planeta tierra tenía un fuego central conectado a numerosos otros causados por la quema azufre, betún y carbón. A partir de estas dos hipótesis, durante siglos se pensó que la acción volcánica se debía a reacciones químicas y a una delgada capa de piedra fundida cerca de la superficie. Friedrich Wilhelm H. A. von Humboldt, en 1808 sentó las bases de la geología al estudiar los materiales que formaban la lava volcánica.  Por otro lado a principios de siglo XX surgió la teoría de la deriva de los continentes, cuya creación se le debe a Alfred Wegener en 1915. Y fue hasta la década de los cincuenta cuando se expuso la teoría de tectónica de placas y se relacionó la actividad volcánica con todo esto. 

Antaño, hablamos en realidad de antes de los años 60 del siglo pasado, no había una idea clara sobre lo que se sustentaban las placas continentales. Se sabía que había movimientos y más tarde se descubrió que estas se desplazaban, pero cómo y sobre qué, no estaba claro. Durante años, los geólogos e investigadores habían debatido y teorizado sobre la posibilidad de que el agua disuelta en los minerales que forman las capas superiores del manto tal vez contribuyesen a desarrollar una capa que reblandeciera la base y facilitara así el movimiento de las placas.  Pero eso nunca se llegó a probar. Hasta hace pocos años se hablaba de una capa semifluída, como la que sustentaba las placas, se comparaba a esta materia como algo parecido a la clara de un huevo o a un material blando como la plastilina, es decir ni sólido ni líquido, esto bien pudiera apuntar al petróleo mezclado con rocas porosas. Y según esa teoría esto hacía que la litosfera, que es sólida, se pudiera desplazar o se desplazara sobre ella, era llamada Astenosfera, precisamente por estar sobre una capa en estado semifluido. Sin embargo, ahora se cree que en realidad las placas tectónicas se deslizan sobre el manto terrestre por medio de una capa de una especie de magma o piedra fundida, posiblemente la misma que sale escupida por los volcanes, que de alguna manera son los escapes de presión necesarios.  Parece que este proceso pueda tener un sentido en el proceso de formación de la tierra, formación de cordilleras, de hendiduras y demás efectos geológicos, la misma ceniza volcánica tiene efectos en el equilibrio del ozono en la atmósfera y la lava pulverizada por la erosión, juega un papel fundamental en la renovación del terreno cultivable. Pero si es así, ¿puede significar esto que ese proceso tenga un final, cuando los volcanes acaben de expulsar el magma interior y entonces las placas se asienten y cesen los movimientos tectónicos y por tanto los terremotos?  Sería difícil que eso pudiera suceder, pues según se ha descubierto, la capa de magma puede llegar a tener hasta 25km de espesor. El proceso de erupciones, precede a la creación de islas, montañas nuevas y sencillamente renueva el terreno, según defienden vulcanólogos y geólogos, es parte de un sistema natural de renovación, pues la actividad tectónica también lleva rocas frescas a la superficie que, expuestas, son cruciales para las reacciones químicas que después forman minerales.  

Ahora bien, volviendo al tema de la tectónica de placas y su movimiento.  Se sabe de al menos siete grandes placas y otras ocho menores, curiosamente, ya sabemos la importancia que tiene el magma de las capas superiores del manto en el desplazamiento de estas placas. Pero ¿qué hay si otras sustancias producidas por la descomposición de materia orgánica, durante miles de años ayuda a que los efectos de los choques de estas sea amortiguado? Todo en el planeta tiene un sentido y un propósito, no está allí por casualidad o capricho, sino con un fin muy claro. Nuestra actividad ha irrumpido en uno de los materiales que el planeta procesaba y le estamos dando otra función distinta, contaminante, dañina para el ecosistema, para la atmósfera y para la propia tierra. Sin contar con otras prácticas que el hombre realiza, sin plantearse los peligros y consecuencias de sus acciones. Tomemos por caso las pruebas nucleares de las que vez tras vez escuchamos en los medios. En agosto del 2017, Corea del norte afirma haber realizado pruebas con bombas de Hidrógeno y una consecuencia inmediata fue causar un terremoto de al menos 6,5 grados que se notó en la zona. A finales de ese mes, volvió a lanzar misiles, esta vez en el mar, más allá de Japón y pocos días después, suceden hasta tres terremotos en México, en la costa del Pacifico. ¿Casualidad o consecuencia? La placa del Pacífico en su extremo occidental coincide con una placa más pequeña, la de Cocos, que a menudo sufre las presiones de esta y la del Caribe. Es difícil de demostrar, pero si unas prospecciones producen terremotos a kilómetros de distancia ¿por qué no una descontrolada y potente detonación de una bomba de hidrógeno explotada en el fondo marino, junto a un extremo de una placa tectónica no tuviera algo que ver con lo que ocurrió en su otro extremo? Eso daría para otro estudio, y por el momento dejémoslo como una hipótesis lejana o una conjetura discutible, espero no tener que decir: ¡cómo odio tener razón!
                 
  








Agua









 Mi seca mano desea  con  ansia sostener el último cuenco de ese preciado líquido que sostiene mi vida, apenas contiene un sorbo que daré y entonces diré adiós a todo. A partir de ese trago final, mi lengua se refrescará por última vez, y sé que será un frescor insuficiente que se gastará en mis últimas segregaciones de saliva vital y posiblemente en el escaso sudor que mi organismo no podrá ya retener, pues el calor y la sequedad de este lugar, hará de las suyas. Presiento que mi garganta apenas sentirá alivio, pues llevo días en los que he ido moderando hasta el mínimo la ingesta del valioso líquido, tomando dosis de agua insuficientes para engañar, que no calmar a esta maldita sed que no me deja. He estado preservando el último sorbo hasta el día de hoy, siete con este, desde que el pozo, que hasta ahora me mantenía con vida se secó por completo y extraje un cubo lleno de barro del que estrujé hasta llenar este cuenco. 




¡Qué ingenuidad la mía! Pensaba que dilatando la duración de esta agua podría prolongar mi existencia, pero solo he conseguido alargar la agonía que se yergue sobre mí y anuncia segundo a segundo que mi vida se va a apagar. Mi cuerpo se está secando, me cuesta respirar, mis labios parecen sellados y pegados con la mezcla endurecida del añejo salivado y el polvo desértico, y apenas me quedan fuerzas para separarlos. Mi boca está tan pastosa como si la hubiesen llenado de arena seca del Sáhara o de cualquier polvoriento desierto, y mis desecados ojos apenas pueden ver más allá del cuenco que tengo delante. Mis pensamientos son confusos, como si mi cerebro estuviera siendo estrujado, apenas puede pensar y se está agotando. Mis riñones ya no filtran nada, desde hace tres días no sé lo que es orinar. Mi piel está quebradiza de la sequedad, apenas puedo moverme, pues tampoco he ingerido alimento, salvo las últimas hierbas y matorrales secos de hace algunos días, pues todo alrededor está yelmo y árido, inhabitable en toda su extensión. 




            Fue decisión mía quedarme aquí, la pertinaz sequía que ya dura diez años, ha dejado todo el territorio a cien leguas a la redonda, muerto, abandonado, convertido en un desierto desolado. ¡Cuánto añoro aquellos años cuando esto era un vergel! Los ríos caudalosos bañaban la región e inundaban los campos en invierno, era el granero del país, los pastos alimentaban a grandes ganaderías y los bosques, hoy desaparecidos brindaban un hermoso color a los valles y producían madera de calidad en abundancia. Ahora todo lo que queda de aquello son tan solo algunos pocos rastrojos secos que apenas pueden resistir la invasión del polvo ocre que los va cubriendo, como ha hecho con la ciudad, como está haciendo con mi casa y conmigo, todo cuanto contiene esta región, incluyéndome a mí, tiene el mismo monótono color del desierto. 


Me negué a abandonar mi tierra, siempre he sido un luchador, mi sabiduría, dada por la experiencia de llevar toda mi vida por estos lares, me decía que llevábamos pasando periodos regulares de sequía, seguidos de épocas de buenas lluvias y abundantes cosechas, pero subestimé la fuerza de esta seca invasión, nunca pensé que mi tierra, llena de verdes valles y majestuosos bosques pudiera acabar así. Quise ser el último, viendo como cada año los pocos y tozudos campesinos amigos míos se rendían ante la evidencia de que esta tierra ya no se recuperaría y se iban marchando, los que no se fueron muriendo. Y ahora solo quedo yo, mi perro Fluck, mi fiel compañero me dejó hace ya más de un año, el hambre y la enfermedad pudieron con él. Resistí mientras pude sacar agua de mi pozo, incluso volviendo a las cuerdas y al cubo, cuando la ciudad se quedó sin electricidad al ser declarada zona inhabitable. Con la poca agua que con gran esfuerzo fui sacando de aquel pozo regaba mi huerto, di de beber a mis pocas cabras que me fui comiendo hasta que se acabaron cuando dejaron de parir, recuerdo que de las últimas tan solo raspé sus huesos, apenas sin carne. 



Pero no desistí, por mucho que algunos vinieron con buenas intenciones a sacarme de aquí, invitándome a dejar esto, yo me negaba a abandonar lo que había sido mi vida, la tierra que me vio nacer, es verdad que ya nada tenía que ver con aquellas tierras bañadas por sus caudalosos ríos. ¡Cuántas veces me bañé de pequeño en sus aguas! ¡Y cuando acompañaba a mi padre a pescar en sus tranquilas corrientes! Todo eso es cosa del pasado y ha muerto de sed, como yo lo haré también.


Ahora procederé a beber este último trago, será tan solemne como el final de una trágica obra, la ceremonia de mi paso al lugar de los muertos, adonde me encamino ineludiblemente. No era la manera como hubiese deseado acabar, pero no encuentro otra, y pensar que beber un poco de agua significa vivificar este cuerpo ya no me alivia, pues se que va a ser insuficiente y después ya no habrá más, solo sequedad y más sequedad, hasta que mi cuerpo deshidratado consuma la última gota y mis órganos dejen de trabajar para siempre. Aquí me voy a quedar, disecado, pues creo que ni los gusanos encuentren algo que devorar, mis vísceras están resecas como las paredes de esta casa y como esas voy a permanecer el resto del tiempo, hasta que alguien me encuentre, es posible que me llegue a convertir en pieza de museo, como demostración del último habitante de la zona, o como imagen ilustrativa de la tozudez humana.


Pero ¿qué me pasa? ¡No tengo fuerzas para agarrar el cuenco! Las ordenes que mi cerebro manda a mi brazo para que se alargue y haga que la mano tome cuidadosamente el recipiente y lo lleve a mi boca no parecen llegar. Me pesa tanto el brazo, es como si un gran peso recayera sobre este y me impidiera moverlo y son tan pocas mis fuerzas que apenas puedo hacerle frente a esto. Sigo viendo el cuenco, cada vez más lejos, pero quieto, esperando ser alzado y su contenido, ante la expectativa de ser vertido en mi reseca boca. Pero nada parece indicar que esto vaya a suceder, pues la inmovilidad de mis extremidades imposibilita tal labor, la desesperación alcanza límites insospechados, pero mi mente es incapaz de diseñar una estrategia alternativa para hacerse con preciado botín. Apenas logro abrir la boca y moverla, como ese pez, sacado de su entorno que intenta no ahogarse y abre y cierra la boca buscando su líquido vital. Hago un último esfuerzo, pero nada, apenas logro desplazar un centímetro mi brazo y mi mano con gran esfuerzo intenta abrirse a la vez, tomando la forma del recipiente para atraparlo con los huesudos dedos que calculo que tampoco tendrán fuerza suficiente para mantenerlo y posiblemente derramen en el suelo el preciado líquido.  
   

Creo que no voy a llegar a tomarlo y lamento no haberme bebido antes aquello, al menos hubiese muerto feliz y satisfecho con un sorbo más grande el día anterior. Ahora solo me queda dormir y esperar el final, viendo que el cuenco se va alejando de mi vista y despidiéndose, como único testigo mudo de mi agonía, incapaz de darme una mínima esperanza de prolongar un minuto más las funciones vitales de mi organismo. Los últimos milímetros de agua se consumen en mi cerebro, suplicando que un milagro permita que mi mano se alargue, implorando que llegue alguien y me salve en el último momento, que me zarandee y me incorpore para reavivarme, lo necesito, no puedo gritar por auxilio, pero lo deseo, necesito el agua, ¡Agua por favor! ¡Agua! ¡Agua!



-¡Nene, despierta! ¡Despierta! Que es muy tarde, que ya mismo vienen Silvia y Juan a recogernos.



-Eh ¿Qué sucede? Tengo sed ¡Mucha sed!



-¿Tú también te has despertado con sed? ¡Es la última vez que cenamos pizza! ¡No veas que mal me sentó! He tenido que levantarme dos veces a beber agua.



-Eso necesito yo, agua. Agua, por favor, necesito agua.



-Venga, pues vente a la cocina entonces, que te tengo preparado un zumito fresquito, y el café. ¡Pero vamos! ¡No te quedes allí como un pasmarote! ¡Espabila que estos están por llegar! Ya sabes lo pesado que se pone Juan con lo de llegar tarde. 



-Vale cariño ya voy. Por cierto ¿Para qué vienen Juan y Silvia?



-¡Cómo que para qué vienen! Pues no recuerdas que hoy es domingo, habíamos quedado para ir con ellos de excursión.



-De excursión ¿hoy?



-Pero ¿a ti qué te pasa? ¡Pues claro! ¿No recuerdas que teníamos planeado esto hace días? Por cierto tengo que llenar las cantimploras.



-Agua, si hay que llevar agua, mucha agua. ¡No quiero morir de sed!



-Pero chiquillo, tampoco es para tanto, que vamos sólo por un día.



-Ya. Por cierto ¿a dónde vamos de excursión? Es que no lo recuerdo.



-Desde luego, estás fatal de la cabeza, tanto leer libros que has dejado de estar en el mundo. ¿A dónde crees que vamos?



-¿A pescar?



-¡A Pescar! Pues mira, lo hubiera preferido, al menos no pasaríamos tanto calor.  Pero chico, estás peor de lo que pensaba ¿Pues a dónde vamos a ir? A Almería, a Tabernas ¿no lo recuerdas? ¿No tenías tantas ganas de visitar el desierto?



-¡Oh no! ...¡Al desierto!