Contigo al fin del mundo




Capítulo 1

Adriana empujaba con todas sus fuerzas mientras los intensos y prolongados dolores la llevaban a la extenuación. Se esforzaba por obedecer a la matrona, convencida por su propia inexperiencia de que era lo mejor. Mientras, quien la asistía, una vieja con traje de indígena y larga cabellera negra, con voz imperativa y nada empática, le iba indicando cómo y cuando debía respirar o inspirar y cuando empujar. Encima, muy a su pesar, las órdenes de empujar coincidían siempre con los momentos en los que el dolor de las contracciones le rasgaba el cuerpo, convirtiendo cada minuto de estas en eterno, y cada milímetro de dilatación en un tormento insoportable. Por instantes hasta pensaba que no iba a salir de esta, que su vida se le escaparía de un momento a otro, deseando con ahínco que aquella tortura cesara y posponer ese duro trance. Sin embargo, algo interno en su ser le repetía que debía seguir luchando, la vida de la criatura que salía de sus entrañas merecía que pusiera todo su empeño en ese martirio. 
Llegado un momento, le daba igual la voz de aquella autoritaria y fría partera con sus indicaciones, su cuerpo le pedía detenerse cada vez que sufría ese intenso dolor y se bloqueaba de agotamiento al empujar sin ver los resultados, ni saber si quedaba poco o mucho. Por momentos, los dolores más fuertes parecían remitir, pero la angustia de saber por boca de la matrona que aún quedaba mucho, le hacían pensar que lo peor aún no había llegado y que no sería capaz de aguantar hasta el final. Cuando estos volvían eran tan intensos como si todos los huesos de la cadera se le fueran partiendo poco a poco por el empuje, deseaba morir antes de continuar.


     En esos momentos, bajo ese intenso calvario, se acordaba de todas las viejas guajeras del asentamiento de la zona 3, las que le decían que el parto consistía en “unos pocos dolores”, nada que no se pudiera aguantar, que luego el niño lo calmaba todo. Nada de placer había en lo que estaba experimentando, ni al peor de sus enemigos deseaba suplicio como este. ¿Cómo podía ser que por el mismo lugar por el que de manera placentera entró parte de esa vida nueve meses antes, ahora tan injustamente dolorosa fuera la manera de salir formado el fruto de aquella noche de pasión? –Se preguntaba– Y deseaba tener a su lado a aquel malnacido y apretujarle lo que fuera para que sintiera algo cercano a lo que ella estaba soportando.

Entre quejidos y gritos de dolor, inspiró y empujó con las pocas energías que aún guardaba su frágil cuerpo, y entonces, sintió como si desde sus entrañas algo reventara, expulsando un flujo acuoso que empapó las sábanas de la cama.

-Bien hija ¡Ya has roto aguas! ¡Vamos, sigue que queda poco ya!-

Las palabras de ánimo de la matrona, apenas sirvieron para aliviar aquel suplicio, pues los dolores aumentaron en intensidad, continuidad y duración. Y solo una hora después, tras sacar fuerzas de flaqueza y sufrir una última contracción  que la hizo gritar, mientras empujaba sabiendo que su cuerpo se estaba partiendo, por fin escucha los leves quejidos de la criatura, que inmediatamente fueron seguidos de un lastimero llanto. Eso que debía ser la terminación de toda su tortura, el pago a su tormento, no lo fue, pues seguía notando que los dolores no cesaban, como esperaba, ni como le habían dicho. Es más, notó otra fuerte contracción y esta vez dolía sobre dolido, como si tiraran de una herida abierta para rasgarla más. Casi de inmediato, la matrona vio asomar la cabecita de otra criatura, esta parecía conocer mejor el camino y salió más deprisa, pero esta vez no escuchó llantos, ni quejidos, pues fue llevada nada más salir, a otra habitación contigua de la casa.  

-Muy bien hija. Todo ha salido bien. Aquí tienes la tuya, es una niña. Ya sabes lo pactado, a partir de ahora solo hablarás de esta. Y cuando salgas te daremos lo acordado. –Comentó la matrona mientras colocaba a la pequeña y colorada criatura en su pecho–

-Si señora, muchas gracias por su ayuda. –Respondió, aún exhalando unos últimos jadeos, tras el duro esfuerzo y mirando fijamente a la pequeña criaturita que también parecía agotada por el esfuerzo–

-No tienes nada que agradecer, ahora reponte y a cuidar de esta niña que te necesita.

De inmediato le invadieron sentimientos encontrados, por un lado de lamento y tristeza por aquella criatura a la que ni siquiera pudo ver, no quiso la matrona que pudiera echarle al menos un único vistazo para el recuerdo. Y por otro, de felicidad e ilusión por la pequeña que ahora tenía en su lecho, esa tensión acumulada la llevó a sufrir incontrolables ganas de llorar, inundando sus ojos en un mar de lágrimas que resbalaron por sus mejillas, salpicando a la criatura que tras unos segundos escuchando esos latidos familiares,  parecía calmada, cómo si supiera que aquel primer aliento que llegaba a su diminuta nariz procedía de la persona que la había albergado en seguridad dentro de su ser, no parecía echar de menos la ausencia de su hermana o hermano, a quien no volvería a ver jamás y de quien jamás nadie hablaría. El instinto de la criatura, aún con los ojos cerrados, era intentar succionar todo lo que se le acercara a su boca y eso tranquilizaba a la joven madre y le daba la paz ansiada, la satisfacción de haber traído al mundo a una criatura sana, con ganas de vivir y abrirse camino en este desgraciado mundo que no le iba a poner nada fáciles las cosas, pero a la que deseaba una vida mejor que la suya. Las guajeras tenían razón, ya no se acordaba del dolor. 
    
   

Para Adriana, aquel momento quedaría grabado en su mente para el resto de su vida, dejando el suplicio anterior como si hubiese sido un suspiro. Más por mucho que quisiera, no podía dejar de sentir un duro remordimiento por ese hijo que no tenía a su lado, ni siquiera sabía si llorar por un niño o una niña, ni qué clase de padres se harían cargo, pues todas la negociaciones las llevó Matilde, la matrona que a costa de intervenciones como esta se iba forjando un negocio pujante. Ahora tocaba olvidar aquello y concentrarse en cómo hacer que aquella pequeñita, a la que pondría por nombre Carolina, se pudiera convertir en alguien que lograra salir de ese lúgubre emplazamiento que no merecía llamarse barriada, donde basura, prostitución, miseria y droga se peleaban por enmarañar el futuro de toda criatura femenina que de allí procediera.

Después, tras saciar con vital calostro el diminuto vientre de la pequeña, empezó a meditar en su niña, no pudo evitar acordarse de aquel desgraciado que nueve meses antes le prometió el paraíso, asegurándole que con ella se iría al fin de mundo, pero del que ahora desconocía su paradero. ¡Ni falta que hacía! No sería la primer madre que cuidara sola a sus hijos –se repetía una y otra vez– intentando convencerse de que nada malo había hecho entregando a la otra inocente vida, con cuyo pago, podría pasar los primeros meses al cuidado de Carolina. Pero a la vez, prometiéndose a sí misma que a su pequeña le inculcaría la rebeldía y el valor que a ella le faltó, su hija debía salir de aquel hoyo de polución, abrirse camino en el mundo y dar un salto adelante, el que ella nunca dio. 







Club de Bilderberg: Desmontando el mito



Muchas cosas se han escrito sobre los miembros de dicho grupo, que si se trata de un gobierno en la sombra, o que son un grupo de presión que manejan los hilos del mundo, que si se relacionan con otras ordenes secretas, que colocan a unos gobiernos y quitan a otros. Después de una investigación imparcial y de apartar la mucha paja que se ha vertido sobre el tema, de leer algunos libros interesantes y artículos libres de conspiranoides compulsivos, he llegado a una conclusión más o menos clara que expongo de manera reducida:

Primero, no son tan misteriosos sus intereses, es más, como indican en su página web, son un foro para debates informales, diseñado para fomentar el diálogo entre Europa y EEUU. No prohíben hablar de lo que se trata en su reuniones, ni aplicar o explicar en sus respectivos países lo que allí se dice, tan solo quieren que no se revelen la identidad de los oradores o ponentes. No se toman decisiones, ni se imponen o proponen resoluciones para que los gobiernos las apliquen. Y solo buscan que se hable sobre soluciones para los problemas del mundo, con el fin de que el sistema occidental de vida siga funcionando. 
No veo que tengan el poder de quitar o poner gobiernos, ni siquiera aciertan en sus predicciones políticas, económicas o sociales. No pronosticaron la crisis del 2008-2015, ni siquiera alertaron sobre la guerra contra el terrorismo internacional, que ha durado más de 16 años.

Eso si, son una representación de gente con mucho dinero, proveniente de la antigua aristocracia europea y con intereses económicos en distintos estados, a los cuales les interesa que el mundo siga un camino de libre mercado, de estabilidad política, social, de libertad, no porque amen a la humanidad, o sean buenas personas, sino porque quieren que sus negocios progresen y se tomen decisiones a favor de sus intereses claramente financieros.


Sus presidentes y miembros estables han sido dueños de multinacionales del petroleo, de la banca, del sector del automóvil, de las comunicaciones, de Internet, de los seguros, de las farmacéuticas y otras importantes multinacionales. (El actual presidente, Henrie de Castries es el presidente de seguros AXA).

Y este selecto club nacío por la preocupación de un consejero político, amigo de algunos importantes empresarios, que deseaba que EEUU y Europa se llevaran bien, en contraste con el avance del temido comunismo y para que se estableciera de manera constante el sistema de libre capital. La primera reunión fue financiada por Rockefeller y tuvo lugar en el hotel Bilderberg de Bélgica, de allí surgió el nombre del club, al que por otro lado no se invita siempre a las mismas personas, la idea es juntar entre 120 a 150 personas importantes de todo el mundo. Hay un grupo de dirección que tan solo se encarga de organizar la reunión y decidir a los invitados, con un presidente y un pequeño comité de dirección.

Por tanto, no veo misterios en sus propuestas, solo un egoísta interés de "aconsejar" o "convencer" a los estados para que tomen medidas que beneficien al sistema capitalista de cosas y promueven la alternancia política bipartidista, para que aún pareciendo democracias elegidas por el pueblo, todos los gobiernos tengan una linea parecida, en pro siempre de estabilidad financiera y del libre mercado.

En ocasiones se tratan temas preocupantes como los conflictos de la globalización, las guerras, la inmigración y otros temas de candente actualidad, pero apenas se preocupan por la fuente de estos problemas, la pobreza y la injusta distribución de la riqueza, pues eso va contra sus propios intereses, ellos desean que se mantenga controlada esa desigualdad para mantener su posición de dominio ficticio.

No parece que les preocupe tanto la contaminación, ni el medio ambiente, esos temas apenas los tocan en sus reuniones, salvo que afecten a sus intereses. Por ejemplo en el año 2007 hablaron del cambio climático, pero siempre preocupándose porque sea un tema para el cual los gobiernos tomen medidas universales, o como sugirieron en el 2009, cuando tocaron el tema de la conferencia de Kyoto, donde aconsejaron a los estados aplicar el sistema de venta y compra de emisiones, el llamado "comercio de emisiones de Co2". Esto último es un sistema mediante el cual, las grandes corporaciones de los países más industrializados compran "bonos verdes" a países menos desarrollados. En otras palabras, y para poner un ejemplo, un país Europeo, como Reino Unido, que tiene empresas que contaminan más de lo estipulado como mínimo, como compensación por ese exceso, paga o subvenciona proyectos de desarrollo de energías renovables en países en desarrollo como Brasil, para la construcción de industrias de biocombustibles, paneles solares o sistemas de energía eólica en esos países. Recibendo como compensación la posibilidad de continuar emitiendo la misma cantidad de Co2. Se han creado sociedades de control de emisiones en los países implicados que se encargan de vigilar este tema, pero resultan ser empresas privadas.

En los últimos años han surgido un nutrido número de empresas dedicadas al intercambio o venta de bonos de Co2 que ganan ingentes cantidades de dinero en el intercambio. ¿Cómo? Siendo intermediarios contratados para que actúen de controladores de emisiones, que se encargan recoger el dinero que las grandes empresas emisoras de contaminantes pagan por contaminar más y tras descontar sus comisiones, entregar lo menos posible de este dinero para las subvenciones a terceros, de esa manera, ganan los emisores de co2, los intermediarios y en menor medida los países pobres que reciben las ayudas, y luego los estamentos locales reparten en porcentaje bajo a las subvenciones a las empresas de energía renovable, repartiendo el restante de manera fraudulenta. De esa manera el dinero de la contaminación también crea riquezas. Estas son algunas de las ideas que surgen en estas reuniones de esos selectos clubs, como el de Bilderberg.  
  
El club de Bilderberg no busca dominar el mundo, pero si intenta que este se mantenga globalizado, por eso siempre favorecerá a que se establezcan estamentos únicos que moderen los cambios y decisiones a medida de sus propios intereses, sin tocar sus beneficios o rentas o si es posible que surja, como en el caso del cambio climático, nuevas vías de ganar dinero. Cualquier cosa a fin de que renten los intereses económicos y sin que se vea perjudicado el progreso tecnológico, es decir que no se anteponga la economía sostenible a los intereses empresariales de las grandes corporaciones.

Los verdaderos archivos secretos del club de Bilderberg, son los que guardan en sus arcas, en sus bancos, sus grandes riquezas, esas que desean mantener y hacer crecer a toda costa, no ponen límites a eso. Su mayor temor es que las cosas cambien y venga un gobierno que les quite lo que tienen y distribuya la riqueza del planeta de manera justa y equitativa, entonces es cuando su poder se desvanecería. 



Por tanto, realmente estamos ante un grupo de aristócratas ricachones que solo se quieren a sí mismos y poco les interesa la gente en general. Les gustaría dominar el mundo, por supuesto que sí, pero como no pueden, intentan persuadir a los gobiernos, invitando a políticos influyentes de distintos países a sus reuniones para “orientarlos” y “ayudarles “ a tomar deciones sabias, en otras palabras, ganarselos para su causa.

En definitiva, son parte del engranaje de un sistema corrupto y egoísta que ha llevado a la tercera parte del mundo a ser convertido en un gran mercado en el que todo se vende y se compra, a otra parte a ser convertido en una fábrica, y sus ciudadanos convenientemente convertidos en trabajadores casi esclavos y otra tercera parte en un vertedero donde lanzar lo que se desperdicia o no sirve. Solo los mueve el beneficio económico, olvidándose de que la vida que realmenete lo es, nada tiene que ver con esos intereses.




La Promesa






Dejo por aquí un extracto de mi última novela, "La promesa", que bien puede considerarse la historia de un amor platónico llevado al extremo. 

Capítulo 2 

Miriam era una joven cuyo paso de niña a mujer coincidió con su cambio de vida y hogar. Parecía disfrutar demostrando sus dotes de inconformista ante sus padres, aunque en el fondo no quería estar mal con ellos. Experimentaba esos cambios en su vida que la empujaban a poner críticas y peros a cualquier cosa, todo lo que no estaba claro en su mente era cuestionable y su vertiente jovial y alegre era utilizado para reírse hasta de lo que sus padres consideraban más sagrado, y como si necesitara con ardor formar una personalidad independiente, tomaba y rechazaba al azar cosas de aquí y de allá.

....


Esos últimos días del verano, pasaba la mayor parte del tiempo en su habitación, escuchando la radio y grabando canciones en su casete, que luego escuchaba y re-escuchaba repetidas veces. Marina se había acostumbrado a la música de su hija, aunque ahora echaba de menos las canciones que antes de mudarse esta ponía. Eran otros tiempos más alegres y despreocupados en los que solía escuchar una y otra vez, "Linda" o “Morir de amor" de Miguel Bosé, que era su ídolo. Hasta la saciedad sonaban en casa sus canciones.

            Ahora sin embargo, a sus trece años años le atraía música con más fuerza, temas desgarradores, como los primeros de Luz Casal. Ese "No aguanto más" se había convertido por momentos en su himno: "uuuu no aguanto maás, quiero salir del mundo, de mi habitación, no deseo nada de lo que me dais... Necesito aire, quiero respirar", cantaba, hasta desgañitarse.  
         

            De vez en cuando, gustaba asomarse al parque que había enfrente de su casa, había horas en la mañana que se encontraba tranquilo, luego por la tarde la cosa cambiaba, y el bullicio de niños correteando y madres cotilleando no dejaban oportunidad para la relajación. Por las mañanas gustaba sentarse sola en el banco bajo el frondoso Sauce llorón, del cual en verano, colgaban sus ramas hasta casi llegar al suelo. Mataba el tiempo meditando, leyendo o simplemente cantando sola en bajito y recordando otros tiempos. Aunque aún no tenía amigas en el barrio, saludaba a algunas vecinas de su edad que se iba encontrando en el portal, pero esos primeros días no se había atrevido a ir a más, en tres semanas entraría en un nuevo colegio y allí tendría que abrirse camino.

            Todos los días su madre la mandaba a comprar el pan, la leche y algunos productos básicos del día a la "Tienda de Tomás", un pequeño establecimiento que quedaba a pocos metros de su casa en la calle de atrás. En la tienda de Tomás, se juntaban las vecinas del lugar y allí se organizaban tertulias y cotilleos típicos de la gente mayor, algunas marisqueras jubiladas, incluso mujeres de pescadores, llenaban sus meses de soledad en las tertulias de aquella tienda. A Miriam le molestaba encontrarse aquello siempre lleno de viejas que la miraban de arriba a abajo y que al salir empezaran a preguntar en galego: ¿Y esa nena de quén carallo é?...



            Cierto miércoles por la mañana, cuando volvía de comprar el pan, observó que el banco rojo bajo el Sauce estaba ocupado, y se dijo para sí misma:



            -¡Vaya! ¡Qué pena! Ya no podré bajar a leer tranquila 



            Pero según avanzaba en sus pasos, cayó en la cuenta que quien ocupaba aquel banco la estaba observando fijamente, y no se había percatado desde cuándo lo estaba haciendo. Nada más fijarse en ello, bajó la vista, miró por si había algo en su ropa que estuviera mal o que llamara la atención, y a medida que se acercaba, se estiró la falda que llevaba, por si acaso era eso lo que despertaba la curiosidad del que la observaba con tanta atención. Quería mirar pero no podía, solo cuando el chico desvió la mirada para otro lado, entonces al pasar delante de él, echó un leve vistazo de reojo, suficiente para fijarse en algunos detalles. Después, al llegar al portal y aún sin tocar al porterillo, simulando esperar, se quedó quieta unos segundos, observándole disimuladamente, pues lo tenía justamente enfrente. Era un joven de buen ver, algo delgado, pelo revuelto, ojos negros y almendrados bajo unas pobladas cejas, piel pálida, boca grande, y un pronunciado y llamativo hoyuelo en la barbilla. Tenía un libro entre las manos, pero no pudo fijarse de que trataba, ni del título, aunque tampoco era lo que más le interesaba. Le acompañaba un botellín de agua mineral a medio beber, al que se aferraba con su mano izquierda mientras con la derecha sostenía el libro.

            El chico estaba envuelto en su lectura como si nada, mientras ella desde el portal, no le quitaba el ojo de encima. Había algo en ese muchacho que le atrajo la atención como nadie lo había hecho hasta ese momento, no era porque lo hubiera visto antes, pues en realidad su rostro no le era familiar, no le recordaba a nadie en particular que conociese, ni siquiera se asemejaba a su actor o cantante favorito, pero lo cierto es que esa mirada la había dejado hipnotizada. Había pasado casi un minuto y aún seguía ahí, como esperando que le abrieran, aunque todavía no se había decidido a pulsar el botón; y no lo hizo, hasta que se dio cuenta que el muchacho notó que estaba siendo su centro de atención. Entonces, mientras bebía un sorbo de su agua, levantó la vista y los ojos del chico se clavaron en los suyos, enviándole una sonrisa de complacencia mientras dejaba la botella a un lado, enviándole un gesto de cortesía frunciendo la frente. Solo entonces, presionó apresuradamente el pulsador de su piso, le abrieron y cual gacela huyendo de un depredador, subió ruborizada hasta su casa.

            Toda la tarde la pasó más atenta a que su madre la mandara a algún recado, preguntando cada cierto tiempo si necesitaba algo de la tienda, hasta recordándole cosas que faltaban en la despensa, recibiendo decepcionada una negativa por respuesta o la explicación de que eso lo compraría ella en tal o cual supermercado.

            No encontrando una buena excusa para bajar, permaneció en su habitación mirando por la ventana. En esta ocasión no valía lo de bajar al banco a leer, no parecía lo más conveniente, pensaba. En realidad, hubiese deseado que no estuviera aquel sauce o que al menos fuera otoño y no tuviese hojas que ocultaran de su vista lo que debajo de él hubiere. Casi al caer la tarde, bajó al banco, pero no hubo ocasión para volver a ver pasar al muchacho.  

            Durante los siguientes días, bajaba con la ilusión de poder encontrarse con su misterioso amigo otra vez, sin plantearse por supuesto intercambiar palabra alguna con este, ni tan siquiera un saludo, solo la movía una extraña curiosidad por verle, si era posible desde lejos y a resguardo, sin que él se diera cuenta. Un día salía del portal y lo vio pasar enfrente del árbol. Y sin abrir el portón de salida de su bloque, le fue siguiendo con la mirada hasta que este se alejó calle abajo, lamentó no haber llegado antes y poder descubrir de dónde procedía, si venía de unas calles más arriba o si salía del portal de al lado. 

            Sin entender muy bien por qué, empezó a acicalarse más, arreglarse el pelo, resaltar más su busto, incluso tuvo la tentación de pintarse los labios, pero para no levantar sospechas por parte de su madre, desistió de esto último. En realidad tampoco necesitaba realzar mucho su feminidad, pues a sus trece años ya estaba bastante desarrollada y muchos de sus familiares menos cercanos, le solían echar más edad. 

            Se armó de valor y durante algunas mañanas bajó a leer en el banco bajo el árbol, en esa época estaba enfrascada con “Esther y su mundo”, disfrutaba con las aventuras de su heroína, de su mejor amiga Rita, del amor platónico de Esther, Juanito, y su rival Doreen. 

            Fue en una de esas ocasiones en las que estaba sentada bajo el árbol, cuando descubrió que el chico misterioso que tanto llamaba su atención, vivía en el edificio aledaño al suyo, pues lo vio salir. Al pasar por su lado, intentó ocultar su rostro con el libro que leía, y de nuevo sin que él se diera cuenta le siguió con la mirada, lo vio girar a la derecha y alejarse con un maletín calle abajo. Una sensación interior de satisfacción la llenó, pues si vivía allí, significaba que no iba a ser difícil toparse más veces con él.


            Pasaron los días y hasta el siguiente sábado por la mañana, no se lo volvió a encontrar. Esta vez ella venía de la Biblioteca de recoger otra novela de “Esther y su mundo”, y de nuevo él estaba ahí, sentado en el banco y absorto en otro libro, distinto al anterior, pues tenía las tapas duras y verdes. Parecía, más que una novela, un libro de estudio, y concluyó que tal vez fuera universitario, pues calculó que podía tener más de dieciocho años. Ella pasó simulando ignorarle, envuelta también en su propia lectura, pero volviendo una y otra vez los ojos en su dirección, y así hasta llegar al porterillo y entonces tocó.



            -¿Quien anda? –Resonó por la calle la voz de su padre, desde el altavoz del portero electrónico–


            -Soy yo, abre –contestó ella–


            -¿Y quién es Yo? No conozco ninguna “Yo”.


            -jajá, abre papá, que soy Miriam


            -Aquí no vive ninguna Miriam –repitió su padre, mientras el muchacho la observaba con una sonrisa cómplice y meneando la cabeza–


            -¡Papá por favor! Ábreme que soy yo –respondía la joven, ruborizada por la situación tan ridícula que estaba protagonizando delante de aquel muchacho, sobre todo cuando en un momento dado ella miró al frente, sus miradas se cruzaron, este le guiñó el ojo, y ella se quedó paralizada–


            Aquel incidente la dejó confusa, por un lado, por lo que para ella fue una terrible vergüenza, haberse visto así frente a aquel joven. A cualquier otro le hubiera contestado: 
-¿Y tú que miras?- Pero no a él, esos grandes ojos fijos clavados en ella, la hicieron derretir de un calor especial y esa sonrisa directa, de cosquilleos nunca antes sentidos en su cuerpo, hasta temblar en un escalofrío de ilusiones escondidas. Ni siquiera recriminó a su padre por lo de la broma, pues gracias a eso recibió algo que jamás se imaginaría, esa noche soñaría con ese guiño.

            Al día siguiente, domingo por la tarde, Miriam salió mas arreglada, convenciendo a su madre para que la dejara pintarse los labios de un suave carmín...

Puedes obtener el libro en digital y papel en Amazon
O si lo prefieres en formato digital en XinXii
También en papel y en otras versiones  en Bubok

Fuera de España

Mexico 

EEUU


Ecocidio



En el Apocalipsis bíblico aparece una curiosa sentencia que se resume así: “Vendrá el tiempo… de causar la ruina a todos los que están arruinando la tierra”. Esta frase parece indicar como merecedores de juicio a los que arruinan, contaminan y destruyen la naturaleza, como si de criminales, asesinos, se tratase. Si a alguien que mata a otro ser humano se le tilda de Homicida, si al que mata a grandes poblaciones, se le llama  Genocida, en el caso de la naturaleza se trataría de ecocidas.
  

El término “ecocidio”, se ha acuñado para hacer referencia a la devastación provocada artificial y deliberadamente por la acción del hombre. No solo hablamos de cortar un árbol, cazar un animal por divertimiento o dejar descuidadamente basura en un bosque, algo que puede ser penado o multado, dependiendo de las leyes locales. No, hablamos de una extensa destrucción, daño o pérdida de ecosistemas de un determinado territorio, por medio de la mano directa o indirecta del hombre, hasta el grado de que el disfrute pacífico de este territorio por sus habitantes se ve severamente disminuido o que provoque la pérdida inevitable del hábitat de especies en peligro.


Y eso lamentablemente se está realizando a nivel mundial en muchos lugares por causa de un alimento consumido en más de la mitad del planeta, el aceite de Palma. Curiosamente este aceite, que en gran parte de Europa, sobre todo en el sur y todo el litoral Mediterráneo, apenas es utilizado y suele tener mala fama por ser considerado dañino para la salud, se ha convertido en el segundo aceite más consumido del mundo, amenazando con colocarse el primero en poco años. La mala fama que este tiene en Europa, oriente próximo y Norteamérica, se debe en parte a que está unido, no a la alimentación tradicional, como sucede en Asia oriental, sino a los productos artificiales, producidos masivamente, tales como la bollería industrial, los alimentos preparados, golosinas, chocolates y otros cientos de productos alimenticios manufacturados. Aparte de ser la base muchos cosméticos comunes. Se suele contrastar su utilización con la del bien estimado Aceite de Oliva, maíz o girasol, sin embargo hay estudios que indican que dependiendo de la utilización, temperatura de cocción, y excesos en el consumo, todos los aceites pueden ser beneficiosos, como resultar dañinos, y dependiendo de la zona, se hablará mal de uno o del otro. El aceite de Palma tiene dos ventajas sobre todos los demás, la primera es que este no pierde sus propiedades cuando se calienta, ni se corrompe a temperatura ambiente, lo cual lo hace duradero y menos dañino al utilizarlo en la fritura. La segunda ventaja es que su producción es mucho más barata que la de los demás aceites, con lo cual su precio en el mercado es más económico que los demás, por ejemplo comparado con el aceite de Oliva o de girasol, por su estacionalidad temporal, o el de Soja, por la extensión del cultivo necesaria, en el caso del de Palma con una décima parte de hectáreas de las necesarias para sacar 50 millones de toneladas de aceite de soja, se extraen 125 millones del de Palma. Además las palmas de aceite producen todos los meses, enormes racimos de nueces ricas en aceite, durante al menos veinte años. Sin embargo tiene una cualidad que lo diferencia de los demás aceites vegetales, es que es rico grasas saturadas, como la grasa de origen animal, de ahí el peligro al que nos exponemos de convertirlo en el centro de nuestra mesa.  


Huelga decir que el aceite que más se produce en el mundo no es para consumo humano, sino que es el Petróleo, que tan malos resultados ha traído. Y dado que el consumo de este producto tan contaminante va a la baja, pronto el aceite de Palma se convertirá en el primero. Y no nos equivocamos si lo comparamos con el petróleo, pues aparte de ser utilizado en la alimentación, también suele ser uno de los aceites más utilizados en los llamados “biocombustibles”.  Por supuesto que yo quitaría el prefijo “bio” de este tipo de productos, pues si bien no contaminan tanto en su combustión, como los fósiles, sin embargo su producción queda lejos de ser ecológica, solo tenemos que ver lo que está sucediendo en lo que antes era un paradisiaco y exuberante lugar, único en el mundo, Borneo.


Borneo es la tercera isla más grande del mundo, fue descubierta por Magalles y Elcano en 1521, está ubicada al sudeste del Asia y que es compartida por tres países, Brunei, Malasia e Indonesia, estos últimos son los reyes de la producción de aceite de Palma. Curiosamente durante siglos, la especie más minoritaria que habita la isla, era la humana, pues la mayor parte del territorio de Borneo lo ocupaba una densa y enorme selva tropical.


Sin embargo , las cosas han cambiado en las última décadas del siglo pasado y en las primeras de este. Se empezó talando bosques cuando Malasia, que había agotado su reserva de bosques, decidió esquilmar los bosques de la Isla, fue el dictador Suharto quien repartió enormes extensiones de bosques entre sus hombres de confianza, los cuales no tuvieron reparos en ir vendiendo terrenos a las empresas madereras primero, luego a las productoras de Aceite de Palma, con lo que la parte correspondiente a Malasia tan ha quedado un 20% de los bosques.


En los últimos años, se han producido incendios que han devorado millones hectáreas en la isla, tanto en la parte de Malasia, como de Indonesia.
Las razones para estos incendios son diversas, pero lo que más llama la atención es que en muchos casos provienen del interior, debajo de la tierra. ¿Cómo es posible esto? La razón la encontramos en la Turba. Por años la selva de Borneo, como la amazónica y la subsahariana han ido absorbiendo Co2 y enterrándolo, por decirlo de alguna manera, esto sucede cuando la hojarasca, los árboles viejos mueren, la maleza muerta de la selva se va descomponiendo y alimenta a los nuevo árboles y bosques y en un proceso regular, con el tiempo la materia resultante se va pasando al estado anterior al carbón, material muy inflamable, pero estando húmedo no es nada peligroso, es así como las selvas se convierten en los pulmones del mundo, almacenando toneladas de Co2 en su suelo. Ahora bien, el proceso se acelera a medida que se tala la selva y la turba queda expuesta al sol, esta se seca y entonces el proceso se invierte, es decir, surge la espontanea combustión de la Turba. Eso conlleva la expulsión masiva de Co2 a la atmósfera, mucho mayor que la que produce la quema de cualquier otro bosque seco de España, por poner un ejemplo.  Así no es de extrañar que las selvas del sudoeste asiático, entre ellas las de Indonesia y Borneo, se hayan convertido en el tercer emisor mundial de gases de efecto invernadero y no es atribuible a los vehículos o la industria. 
Curiosamente esos terrenos posteriormente son utilizados para la plantación de Palma. Esta crece rápido y apenas necesita atención. Se puede ver en Google Earth, las imágenes de enormes extensiones cuadriculadas de plantaciones que ocupan el lugar que antes llenaban las selvas, que con incontables especies, muchas de ellas aun no estudiadas, han sido perdidas.  En los últimos 50 años, la zona baja de toda la isla ha perdido el 50% de sus bosques y animales como los Orangutanes han perdido el 90% de su hábitat. Sólo Brunei parece interesado en mantener y cuidar su patrimonio natural, las otras naciones parece que solo les interesa explotarlo hasta el agotamiento.


Por esto se debería acusar de ecocidio a estos desaprensivos, pero como son tantos y tan poderosos, es poco probable que algún estamento humano o un comité ecológico internacional o alguna agencia mundial del clima, puede atreverse a hacerlo, máxime cuando lo que prima es la economía de estos países, que de verse privados de estas explotaciones perderían su principal fuente de ingresos. De nuevo nos topamos con el dinero, como principal motor del mal e impulsor de las más bajas ambiciones que destruyen nuestro planeta.
Y es que el caso de la Isla Borneo, que hemos puesto como ejemplo, es tan solo uno de los muchos casos en los que grandes corporaciones industriales con mucho poder y el apoyo o la vista gorda de gobiernos o autoridades corruptas están arruinando el planeta, en una desenfrenada carrera por producir más y más rápido. ¿Quién los parará?


Si las palabras del Apocalipsis se tienen que cumplir literalmente contra todos los que  están esquilmando y destruyendo la naturaleza, será desde luego un juicio sumarísimo, pues son muchos los culpables y mucha la maldad que se ha cometido contra nuestro propio hogar, la Tierra.  



Economía colaborativa ¿Se convertirá en el futuro de la economía mundial?



Relacionar economía y colaboración, es como hablar de dinero y altruismo, son cosas que parecen hoy día, antagónicas. Sin embargo es en gran parte la forma de vida de miles de personas en el mundo, sobre todo en países donde por diversas circunstancias no se benefician de la economía global del mundo actual. Entre los llamados países pobres, subdesarrollados o del tercer mundo, se da ejemplo de lo que tiene que ver con reciclar, economizar, aprovechar los recursos, aun por mínimos que estos sean y de mantener una gran colaboración entre sus ciudadanos. Salvando guerras y situaciones ajenas a la población, que producen sufrimiento, distanciamiento y crisis, la gente de esos lugares, si se les deja, siempre encuentran soluciones al margen de los políticos que les mal gobiernan. El trueque, el sistema más antiguo de intercambio de bienes y productos sigue funcionando en aldeas y lugares apartados de las grandes urbes.



No obstante, el mundo entero yace bajo las leyes del sistema monetario, impuestas en la sombra por los poderes establecidos que dirigen realmente el mundo. Los gobiernos nacionales tan solo cumplen su deber de aplicar dichas leyes en sus estados, independientemente del sistema o política que representen, y todos, aunque no lo quieran aceptan la leyes del dinero. La población no tiene más remedio que seguir el camino marcado, buscarse la forma de ganar dinero para subsistir, para progresar, triunfar o tener poder. Salirse de esto es ser señalado como un vago, bohemio, nini, o un excluido. Es curioso que incluso actividades de ocio o de entretenimiento, como los deportes, que antes pertenencían a espacios amateur, se han materializado, se han convertido en suculentos negocios, donde ciertos deportistas de élite se venden y se compran, y ganan cantidades de dinero astronómicas sin merecerlo, tan sólo por el mero hecho de ser bueno en lo suyo. Frente a millones de personas que son excelentes profesionales mal pagados que deben trabajar duro por décadas, sacrificando tiempo para su familia, aficiones y disfrute de la vida, hasta hacerse viejos y mal vivir al final de sus días, cargados de daños físicos, fruto de su labor.

Hoy todo tiene un valor, a todo cuanto nos rodea se le ha puesto un precio, nuestra salud, la propia vida, incluso en el mundo occidental, la muerte cuesta dinero. La comida, el agua, viajar, conocer lugares, moverse por las calles de cualquier ciudad, incluso en la que uno vive, tener luz para ver de noche, todo requiere pagar tributo, impuestos, o pagos por servicios. Antiguamente no era así, por ejemplo, viajar a otro país, hasta hace no muchas décadas no requería de visados, bien es verdad que las fronteras y divisiones territoriales han existido desde que tenemos historia, pero la gente se podía mover por los territorios libremente, entonces el mundo si era una aldea global, hoy no. Estamos construyendo un mundo en el que los sistemas monetarios lo dominan todo y a todos, imponiendo su uniformidad y sin embargo, no por ello el mundo está más unido, al contrario, mas infranqueables se están poniendo las fronteras. Vale, alguien podría decir ¿que hay de la Unión europea? ¿No han logrado los europeos eliminar las fronteras? Quizás físicamente en apariencia han sido eliminadas, pero la fractura social y económica de las clases ricas y pobres, está aumentando, la desaparición de la clase media está llevando a estas sociedades a una nueva ruptura y que existe tan solo la preocupación por mantener en buen estado las macro-economías frente a la economía de la calle.


Sin embargo, desde la irrupción y popularización de Internet ha ido surgido una forma paralela de economía, libre de los mercados, ajenos a las leyes comerciales, que hablan de un mundo colaborativo y de ayuda sin que medie la búsqueda de lucro. Aunque con el tiempo, el mundo financiero siempre busca la manera de sacar partido de ello, pero la tendencia y la base de Internet es compartir, sea saber, cultura, ciencia, o ideas, todo en internet se convierte en un mosaico de lo que el mundo ofrece. Cuando le llegó el turno a la música, surgió el formato digital Mp3, que revolucionó la manera de conseguir las canciones de toda la vida sin mediar formato físico, cambió la forma de distribuirla y de escucharla; se crearon programas que a principios del siglo XXI, buscaban compartir gratis la cultura musical, claro que a costa de dañar el sostén de los propios músicos y que también algunos aprovechaban para formar redes delictivas, pero sin verse claro donde estaba el negocio, la gente intercambiaba sus archivos y en la red de redes todo era de todos. Aquello solo era una prueba de lo que Internet podía conseguir, millones de personas compartiendo archivos, música, películas, libros. También desde sus inicios surgió el llamado software libre o abierto, que no era otra cosa que programas, incluso sistemas operativos a los que gente anónima añadía mejoras y creaba aplicaciones por las que no ganaba nada, solo la satisfacción de haber cedido su legado.

Incluso el saber dejó de tener precio, todos recordamos cuando antaño comprar una enciclopedia era endeudarnos por años, sin embargo la Wikipedia se ha convertido en la enciclopedia global más importante y grande del mundo, escritores y correctores voluntarios colaboran en su proceso, pasando de ser una enciclopedia de dudosa categoría a convertirse en el referente en cuanto a información sobre cualquier asunto del conocimiento humano, una enciclopedia que se actualiza día a día, solo tenemos que ver como la entrada de cierto personaje, incluye asuntos como su muerte o algún premio recibido, minutos después de ocurrir el hecho. Y todo esto sin ánimo de lucro, aunque a día de hoy el ideólogo del proyecto, no hace más que pedir donaciones para poder mantener la página abierta, pues no es fácil contener los petabytes de información que debe almacenar por las millones de páginas de información de las millones de entradas que la enciclopedia contiene.

Estaba claro que la cultura de lo gratis ha calado en un buen número de internautas. Pero curioso es que en algunos casos, iniciativas o soluciones en Internet que en los inicios sus autores o desarrolladores lo crearon como soluciones libres o gratuitas, se transformaron en grandes negocios, Google, mismo se inició como un buscador que no quería nutrirse colocando publicidad, su interface, que sigue siendo simple, sin anuncios es lo único que queda de esa idea primera. Lo mismo sucedió con Facebook y otras redes sociales, tenían un fin altruista, pero pronto el dinero metió la mano en ellos, y hoy se han convertido en suculentos y lucrativos negocios, aunque la mayoría de las personas ni siquiera sepan cómo se financia y dónde está el negocio en esto.  



La crisis económica que ha afectado a gran parte del mundo occidental, para algunos expertos no se trata de un vaiven más de los ciclos regulares, sino que se trata de una crisis sistemática del capitalismo, es decir, que hablamos de una fractura de los mismos cimientos de todo el sistema. Según algunos expertos en economía, va a ser necesario un nuevo sistema que realmente pueda hacer funcionar las cosas o el mundo está arrastrado a repetir pronto otra caída del sistema, quizás mayor, pues el futuro es incierto. La automatización, la robótica y el adelanto en los progresos informáticos, que se está implantando para rebajar costes y mantener los beneficios, está eliminando puestos de trabajo e inevitablemente empuja al mundo a una nueva situación, donde los obreros u operarios asalariados apenas tendrán cabida, es el panorama al que se enfrentan las naciones sin saber cómo abordarlos. Es un hecho que ya se está notando en muchos estados, los parados de larga duración, tanto jóvenes con poca experiencia, como mayores de cincuenta años, lo tienen casi imposible para ocupar un puesto de trabajo, pues la forma de vida actual no requiere de tanta mano de obra y no se prevée un cambio en esa tendencia.

Esto ha hecho que de alguna manera surjan por doquier soluciones que se mueven por la cooperación o colaboración entre los individuos, la venta e intercambio de artículos de segunda mano se está convirtiendo en el mercado de mayor crecimiento, pero todo bajo cuerda, es decir fuera de las leyes, regulaciones y contabilidades de los estados. Los servicios de intercambio es uno de los principales modelos de este sistema, y en estos se hace necesario el uso del dinero, los mismos servicios son cosiderados bienes, por ejemplo una persona tal vez necesite alojamiento durante un periodo de tiempo en una ciudad, y se hospeda en una casa donde a cambio el hospedador solicita de este clases de ingles o francés o de cualquier otra cosa, o sencillamente le arregla el jardín o pinta la casa. Existe también lo que se llama el “Crowfunding solidario”, que no es otra cosa que micro contribuciones o mecenazgo múltiple de parte de muchos pequeños contribuyentes o inversores voluntarios. Estos se hacen a través de plataformas en Internet, donde uno puede donar una pequeña cantidad de dinero para cierto proyecto, a su vez quien recibe el beneficio de las ayudas colabora con otros proyectos, y un pequeño porcentaje de esas contribuciones sirve para los gastos de la plataforma. Y aunque el sistema parezca piramidal, no lo es, pues el contribuyente no espera a cambio intereses económicos, sino recibe recompensas en forma de regalos, por ejemplo, un escritor que solicita una ayuda, si tiene éxito, envía a sus contribuyentes un ejemplar de su libro o divide sus regalías entre los contribuyentes, un músico, entrega invitaciones para sus conciertos, alguien que monta una empresa ofrece participaciones en los beneficios de esta y así por el estilo.

Otra cosa que se encuentra en el mismo origen de Internet es compartir el  conocimiento, y este propósito sigue teniendo importancia vital en la función de la red, existe el llamado conocimiento abierto, que se encarga de promover la difusión del conocimiento sin barreras legales o administrativas.

Poco antes de estallar la crisis habían surgido en iIternet, páginas, blogs, y foros de toda clase de temática, en la que de manera altruista, simplemente con el ánimo de compartir conocimiento, la gente escribía y daba soluciones o consejos sobre cualquier asunto, ya sea técnico, de salud, social o de cualquier cosa imaginable, y esto se ha multiplicado desde entonces y sobre todo desde el inicio de la crisis. Youtube vino, no solo para entretener, solo tenemos que ver la cantidad de tutoriales que podemos encontrar a día de hoy, sobre cualquier temática y sin pagar nada por ello. Podemos hacer arreglos de fontanería, de electricidad, de costura, de electrónica, reparación de nuestros electrodomésticos y un sin fin de cosas, viendo unos pocos vídeos de tutoriales. El lema que Internet está imponiendo es: Háztelo tú mismo, yo te enseñaré a hacerlo.




Y esto puede ir a más, algunos vaticinan, con la llegada de las impresoras 3D, que pronto muchas personas se harán sus propios objetos, herramientas  o cualquier otro utensilio sencillo, saltándose a los fabricantes, y hacerlo en su propia casa. Hay páginas en las que voluntarios van colocando diagramas o diseños de todo tipo de objetos que las impresoras 3D pueden realizar para que cualquiera pueda descargarlas e imprimirlas. Es verdad que por el momento este tipo de impresoras no es algo que se pueda decir que sea asequible para todos, su compra, construcción y manejo aún no está al alcance de muchos, pero el tiempo dirá hasta dónde se llegará con esta curiosa tecnología. La telefonía móvil agregó un nuevo hito en esto, surgen constantemente apps con soluciones para hacer la vida más fácil en las grandes ciudades. Por ejemplo, con algunas puedes encontrar aparcamiento en la ciudad, informado a la vez de esto en la misma a otros usuarios, otras para compartir vehículo en las ciudades, para intercambio de artículos o venta de bienes de segunda mano, sin intermediarios. Existen plataformas donde se comparten casas, es decir alguien de Barcelona viaja a Madrid y otro lo hace en sentido contrario, ambos intercambian sus apartamentos. Una persona monta en su vehículo a otros individuos que va recogiendo por el camino a cambio de compartir el gasto de gasolina, se habla de utilización temporal de objetos y bienes en un intercambio de prestamos, tú me prestas lo que necesito y yo te presto lo que tú requieres de forma temporal, todo bajo acuerdos de confianza mutua, algo desconocido en una sociedad materialista como la actual. Esto es lo que se ha llegado a denominar la economía colaborativa, compartir en vez de poseer.

Sin embargo, aquí tenemos que indicar un pequeño o gran matiz, en algunos casos, lo que algunos califican como colaborativa, en realidad esconde una explotación laboral y mercantil de proporciones alarmantes. Muchos empresarios han empezado a meter sus garras en el sistema y están haciendo fortunas con todo esto. Con lo cual, deja de ser economía colaborativa para convertirse en economía sumergida y precariedad laboral, en el que algunos jóvenes sobre todo, acuden como única salida, y acaban dándose cuenta que tienen que dedicar gran parte de su tiempo para apenas ganar para sus gastos. Está claro que en el momento cuando el dinero toca algo, lo estropea y por ello la verdadera economía colaborativa aún está por llegar, debe desprenderse de la búsqueda desmesurada del dinero, pues entonces pierde todo interés. 

Por ejemplo, muchos blogueros y youtubers empezaron haciendo presentaciones de ayuda o consejos sobre videojuegos, cocina o moda, por amor al arte, pero Google vio el negocio en ellos, les ofreció dinero por medio de la publicidad, unos pocos han triunfado y ahora hay millones de novatos haciendo sus pinitos en el mundo de los vídeos, imitando a los pioneros, esperanzados en que ganarán dinero como estos, sin darse cuenta que el pastel está muy dividido y tiene su límite. Eso ha dejado de ser labor colaborativa, para convertirse en un mercado saturado de charlatanes y vendedores de aire. La cuestión de fondo, no obstante, es que el hombre por naturaleza siempre busca la manera de colaborar, de ayudar a los demás, es algo innato que llevamos dentro, pero que el mundo tal como está montado se esfuerza por convertir en lo contrario.

La verdadera economía colaborativa aún a duras penas se puede ver en los países más pobres, pero conforme se intenta sacar a la fuerza de ese tercer mundo a estas naciones, introduciendo métodos que tal vez funcionan en Ney York o Bruselas, pero no allí, se eliminan las posibilidades de mantener esa economía viva y la degradan, la contaminan y con el tiempo desaparece, dejando tan solo pobreza, delincuencia y egoísmo. Sería fácil revertir esta situación, pero no es lo que desean las grandes finanzas, quienes no quieren oír hablar de economía colaborativa, así que mientras este sistema lo sigan dominando las mismas fuerzas, esa cooperación innata del hombre tendrá restringidas sus puertas.

Pero ¿cómo sería el mundo si todo se convirtiera en economía colaborativa? ¿Sería como si volviera el trueque? ¿Significará un retroceso en el progreso de la humanidad? En realidad la economía colaborativa es algo más que el simple trueque, y en cuanto a cómo sería el mundo pongamos un ejemplo: En primer lugar diremos que no se cambiarían las transacciones monetarias por simple trueque, de hecho el uso del dinero quedaría restringido a cosas de mayor calado, o incluso se podría prescindir de el. No siempre se cambiarían bienes por otros bienes, sino por servicios, por ayuda en determinados proyectos comunitarios, o sencillamente habría bancos de favores, donde se pondrían las cosas que a uno le sobran y que otro al que le falta buscase. Se organizarían cooperativas locales donde los distintos gremios ofrecerían sus productos o servicios y nadie tendría falta alguna, el trabajo sería voluntario. Por supuesto hay labores más duras pero necesarias, como las labores del campo, la extracción de materia prima, etc. Las máquinas bien podrían sustituir al hombre en tales labores y la gente se concentraría en mejorar la vida, dar soluciones y crear mejoras en su entorno, sin las prisas por ponerlo en circulación para poder obtener beneficio rápido. Por supuesto que un sistema así, requeriría en primer lugar, lógicamente, que la gente primero tuviese cubiertas las necesidades básicas, como la comida y el techo, es curioso que estos son unos derechos que recogen todas las constituciones de los estados, pero que ninguno realmente cumple.

Algunos países quieren experimentar con la llamada “Renta básica universal”, como Finlandia, desde enero del 2017 o, más recientemente la provincia de Ontario, en Canadá. Algunos señalaban que esto animaría al vaguismo, pero no es el caso según lo que a día de hoy están notando los observadores y seguidores del experimento. Si un sistema así se estableciera a nivel mundial, es posible que según los más excépticos y pesimistas, llevaría a muchos a la vagancia, algunos sencillamente se conformarían con comer y dormir. Pero no sería así en todos los casos, la historia nos enseña que hombres y mujeres de la antigüedad dedicaron su vida a la investigación e invención, sin buscar enriquecerse por ello. Hay ejemplos de esto por todas partes y en todos los campos, la cantidad de investigaciones realizadas en el mundo, se debe a personas que no vivieron de sus descubrimientos, ni del tiempo que dedicaron a ello, en la mayoría de los casos, tenían rentas aseguradas al tratarse de nobles o con familias pudientes, o sencillamente tenían patrocinadores que los sustentaban, y a esa dedicación desinteresada debemos la base de todo nuestro adelanto tecnológico actual. Si hoy día, muchos científicos o inventores tuviesen cubierto su sustento, no dudarían en dedicarse a ello con un afán de superación, y no tanto para lucrarse. 

En cualquier caso, se debe inventar algo mejor que el dinero para lograr una sociedad realmente colaborativa, pues como ya se ha apuntado anteriormente, todo lo que el dinero toca, lo corrompe y lo distorsiona. Por eso se requiere de una sociedad que supere este escollo, de lo contrario estamos abocados al fracaso en ese campo. Lamentablemente las cosas no parecen ir por ese camino, pues las soluciones de los estados pasan por mantener cuidada la banca y contentas a las grandes fortunas, están obsesionados por la macroeconomía, sin importar mucho la economía de la calle. 

Más el que escribe esto está seguro que algún día si prevalecerá esta llamada economía colaborativa, pues está estructurada en la naturaleza humana, indicada en el diseño del software de nuestros cerebros, y ese diseñador que seguro tenía previsto eso, conseguirá algún día que deje de ser una utopía y se convierta en toda una realidad.

Este artículo se ha escrito con un procesador de texto de carácter libre, diseñado por una comunidad de programadores que de forma altruista lo han distribuido de manera abierta, instalado en una máquina o nanocomputadora del tamaño de una lata de anchoas, conocida como Raspberry Pi, diseñada por una fundación sin ánimo de lucro y con fines educativos para que la informática llegue de manera económica a todo rincón del mundo. Toda una indicación de que la naturaleza humana, por mucho que se empeñe el sistema, siempre busca la colaboración.